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- Pedagogía
de la Paz, Construir la Convivencia manejando adecuadamente
los Conflictos.
Jorgelina I. Amstutz, Elda Mazzarantani,
Marta N. Paillet., Edit. Fundación Bica Santa
Fe, 2004, 213 pp. |
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TEXTO COMPLETO
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PRÓLOGO |
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Tomar una
Pedagogía de la Paz y hacerla encarnar en
el aula, en la escuela y en las comunidades educativas
es hoy, como diría E. Kant, un imperativo
categórico.
En efecto, los docentes, que tenemos la tarea de
educar = educere = sacar de adentro de cada ser
humano lo mejor que hay en él, sabemos que
la civilización bélica se ha desarrollado
a un punto en el que tiene que parar.
Es tremendo el poder del docente y de la escuela
para producir cambios e introducir en la organización
de la sociedad elementos aptos para generar espacios
pacíficos.
Los grandes procesos de cambio que se han vivido
en la historia de las civilizaciones, si bien no
han tenido como vientre a los ámbitos educativos,
éstos han asumido el rol de nodriza, sin
el cual no hubiesen podido subsistir.
Cuando revisamos las instituciones con las que cuenta
la sociedad, vemos que la escuela es uno de los
pocos -por no decir el único- espacio que
nos queda donde trazar los caminos del consenso,
donde aprender los roles de prevención, resolución
y contención del conflicto que emerge naturalmente
dentro de la relación humana y que, hasta
hoy, no habíamos
aprendido a manejar.
Construir una civilización del consenso es,
a decir verdad, un gran desafío. Un desafío
para esta humanidad que, siendo producto de una
civilización bélica, tiene el mandato
social de construir una civilización de paz.
Uno de nosotros puede hacer la diferencia...
Para dar un salto cuántico es necesario llegar
a generar la “masa crítica”,
ese número x que puede transformar lo cuantitativo
en cualitativo.
Cuando un número de individuos de una especie
aprende algo, los que nacen a partir de ese momento
traen la habilidad incorporada. Trabajemos para
aprender una pedagogía de la paz y los que
vengan después de nosotros la traerán
incorporada y tendremos una civilización
de
paz.
Cuando cada uno de nosotros toma la decisión
de trabajar como pionero para bien de las generaciones
futuras, trasciende su propia pequeñez y
se vuelve un ciudadano del mundo.
Trabajemos como los ingenieros forestales que siembran
los árboles que no llegarán a ver
pero que darán sus sombras y frutos a sus
nietos.
Recuperemos nuestra grandeza, nuestro poder de introducir
los cambios, esos que serán palpables y visibles
para nosotros y también aquellos que estamos
construyendo y que no llegaremos a ver.
Somos los arquitectos del mañana, tomemos
con gozo esa oportunidad y construyamos un mundo
de grandeza como los padres de las patrias, como
los que en el mundo sentaron las bases de las grandes
civilizaciones que nos han traído hasta acá.
Hoy, construir la paz es posible...
Las ciencias de la conducta, las neurociencias,
las ciencias
sociales, han dado saltos cuánticos y han
puesto a nuestra disposición toda la información
y las metodologías necesarias para cambiar.
Cambiar nuestras relaciones con nosotros mismos,
con los demás, con el ambiente.
Estamos sometidos a un cambio tan acelerado que
no tenemos registro histórico de una época
igual en el planeta. El 90% de los científicos
investigadores e inventores con los que hemos contado
en toda nuestra historia, ¡están vivos!
Cada uno de nosotros, en especial las personas de
mas de 40 años, hemos pasado por cambios
tecnológicos que han cambiado todo, hasta
la intimidad de nuestros hogares.
Por otro lado, desde 1945 en adelante hemos aprendido
a usar el poder destructivo de la energía
nuclear con tal intensidad que hoy en la Tierra
hay capacidad destructiva suficiente para volar
en mil pedazos nuestro mundo más de 50 veces.
Entrar en una guerra mundial hoy no
sería para resolver ningún conflicto,
sería simple y llanamente para la inmolación
total de la raza humana y de su hábitat:
la Tierra.
Este hecho que señalamos ha vuelto a la guerra
totalmente inútil para resolver los conflictos
que, mal o bien, resolvió en los últimos
10.000 años de nuestra historia. Hoy la guerra
es un camino para nuestra desaparición. Asumamos
el hecho “el hombre es una especie en peligro
de
extinción”. Asumamos también
que somos los docentes los que podemos tomar la
tarea de enseñar al hombre a sobrevivir.
Somos los “ecologistas” del género
humano.
La guerra como instrumento violento de la política
ha muerto, es hora de que nos atrevamos a certificar
su defunción, afrontando el hecho de que
la mantienen viva los intereses económicos
que las armas mueven en el mundo, que aprovechan
la triste irracionalidad de los fundamentalismos.
Aceptemos el llamado de los pensadores que nos están
indicando los modos de generar una Civilización
de Paz
Tomemos los caminos para “Alcanzar la paz”
que nos marca el antropólogo y mediador William
Ury, investigador de la Escuela de Derecho de Harvard,
quien nos indica todos los roles desde los cuales
los ciudadanos comunes podemos alcanzar la paz,
no sólo para nuestras relaciones sino para
la entera sociedad.
Muchos, tantos que no pueden ser nombrados en este
texto, están dedicados a enseñar a:
1.
Crear espacios pacíficos
2. Entrenar
a economistas, docentes, políticos, trabajadores
sociales, integrantes de todos los ámbitos
del quehacer humano en los valores, conocimientos,
actitudes y estrategias necesarias para construir
una cultura de paz
Es importante escuchar el llamado de la Humanidad
como un todo y que cada uno de nosotros, sin dudas
ni temores, se ponga a ejecutar su parte. Sería
penoso descubrir que nos quedamos bailando “Fascinación”
en la cubierta del Titanic.
Elda, Jorgelina y Marta
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PRESENTACIÓN |
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La más alta perspectiva en cuanto a la Construcción
de una Cultura de Paz se alcanzará, sin lugar
a dudas, cuando la Ciencia, el Arte y la Espiritualidad
coincidan en señalar como propósito
fundamental de la civilización, la erradicación
de la violencia en todas sus formas y la construcción
de una cultura de consensos. Esto fue sostenido
por uno de
los precursores, Nicolas Roerich, creador de la
Bandera de la Pax Cultura, símbolo que por
su significación elegimos para la portada
de este libro. Los tres círculos interiores
representan a la Ciencia, el Arte y la Espiritualidad,
unidos para la construcción de la Cultura
de la Paz.
En este, como en todos los grandes logros a que
aspiramos como Humanidad, es necesario “pensar
globalmente y actuar localmente”. Hoy el mundo
está totalmente interconectado; todo lo que
ocurre, de algún modo nos ocurre a todos.
Pensando globalmente, recordamos lo que con toda
certeza afirma el Acta Constitutiva de la UNESCO:
“Puesto que las guerras se originan en las
mentes de los hombres, es en la mente de los hombres
donde deben construirse las defensas de la paz”.
Reconociendo los importantes descubrimientos que
en los últimos 50 años han hecho las
neurociencias, el enfoque sistémico de las
relaciones humanas, la teoría de la complejidad,
el construccionismo social, la conflictología,
la teoría de la negociación colaborativa
de Harvard, creemos como Federico Mayor Zaragoza
– ex director de la UNESCO- que es el momento
preciso para escribir una nueva página en
la historia de la
humanidad. Como bien afirma este claro pensador:
“somos el emergente de una civilización
bélica que enfrenta el desafío de
construir una Cultura de Paz”.
Creemos que actuar localmente es posible si aceptamos
al hombre desde una visión cognitiva y constructivista,
en donde tenemos el poder de elegir entre ser hombres
violentos o hombres negociadores. Que como aprendimos
el manejo de habilidades para el combate, la guerra,
el terror y la violencia, podemos aprender habilidades
para la negociación, para la cooperación,
para el consenso que no tenemos.
Como nuestro humilde aporte ofrecemos este libro,
donde desarrollamos la Mediación Educativa
desde una perspectiva endógena e intrainstitucional,
que titulamos “Pedagogía
de la Paz: construir la convivencia manejando adecuadamente
los conflictos”. Lo
escribimos con la síntesis que nos permitieron
nuestros años de docencia en todos los niveles,
como así también nuestra capacitación
y ejercicio de la Mediación y el curso de
Pedagogía de la Paz que en sus dos niveles
hemos venido dictando desde el año 1999 en
forma presencial, semipresencial, a distancia y
vía satélite en nuestro país
y el exterior. Sólo en la República
Argentina, al presente año del 2005, tenemos
3000 actores de la comunidad educativa formados
entre docentes, directivos, supervisores, padres
y administrativos.
Hoy tenemos el orgullo de ver escuelas en nuestro
país y en Latinoamérica, totalmente
enroladas en la Pedagogía de la Paz, creando
aulas pacíficas y enseñando a hablar
hasta entenderse, erradicando la violencia en todas
sus formas -evidentes y sutiles-.
Un párrafo aparte nos merece el trabajo que
hicimos con el curso en Caracas, Venezuela, en el
año 2004, dentro del Programa “Fortalecer
la Paz en Venezuela”, donde formamos con 100
horas a 140 docentes con la modalidad de evaluación
“en cascada”, que consiste en que cada
asistente al curso debió realizar como evaluación
un Taller de 16 horas difundiendo lo que aprendió,
a no menos de 40 personas; las personas que tomaban
este Taller a su vez debían dar charlas breves
informativas de lo que habían aprendido en
relación con el manejo no violento no adversarial
de los conflictos en las comunidades educativas.
Esto permitió que en el término de
90 días, casi 200.000 personas se informaran
sobre otros modos no violentos de trabajar los conflictos.
Esta experiencia, de una riqueza extraordinaria,
ha generado una Red de Escuelas de Paz que cada
día cosecha nuevos adherentes, donde se comparten
las vivencias y experiencias en la puesta en marcha
de la Pedagogía de la Paz en Venezuela y
Latinoamérica.
Creemos en el futuro de la mediación. Mención
especial nos merecen las especializaciones de la
Mediación que, por su poder de transformación
de la comunidad, se denominan Mediaciones Sociales:
la Mediación Comunitaria, la Mediación
Penal y la que nos ocupa en este texto, la Mediación
Educativa.
Con la esperanza de que este libro motive a muchos
integrantes de la comunidad educativa a repensar
su acción en ella como padres, como docentes,
como directivos, como partes, para que todos juntos
empecemos a construir esa cultura democrática,
participativa, responsable y de consensos que necesitamos. |
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