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- Pedagogía
de la Paz, Construir la Convivencia manejando adecuadamente
los Conflictos.
Jorgelina I. Amstutz, Elda Mazzarantani,
Marta N. Paillet., Edit. Fundación Bica Santa
Fe, 2004, 213 pp. |
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CAPÍTULO
VI |
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EL MÉTODO: “HABLAR
HASTA ENTENDERSE” |
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INTRODUCCIÓN |
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En este capítulo
nos vamos a enterar de un método de resolución
de conflictos que se denomina “Hablar hasta
entenderse” y de su historia. Este método
es aplicable tanto en el aula como en la comunidad
educativa y dentro del ámbito puede ser usado
como negociación (que es la resolución
del conflicto entre las partes) y como mediación
(que es la resolución del conflicto facilitado
por un tercero neutral). Profundizaremos la perspectiva
del estudiante y del docente en los manejos adecuados
del conflicto en el aula y, por último, estudiaremos
otras estrategias de resolución de conflictos
que son aplicables al aula.
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1. HISTORIA DEL MÉTODO “HABLAR HASTA
ENTENDERSE” |
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El método
“Hablar hasta entenderse” fue desarrollado
por Bárbara Porro, docente estadounidense,
en su libro La resolución
de conflictos en el aula (10).
Se trata de una técnica
extraordinariamente simplificada y abreviada para
enseñar Resolución no Adversarial
de Conflictos a estudiantes, que ella probó
con inusitado éxito en su país de
origen.
Nosotros creemos que este procedimiento simplificado
es apropiado para ser aplicado por docentes, adultos
y niños que estén trabajando en la
construcción del Aula Pacífica. Por
su sencillez puede ser eficiente tanto en el tratamiento
de conflictos entre adultos, de docentes con docentes,
de directivos con docentes, de estudiantes con docentes
y de estudiantes entre sí.
(10) Porro, B. (1999). La
resolución de conflictos en el aula. Editorial
Paidós Se
trata de un proceso de cuatro pasos, a saber:
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1. Hacer un alto y recobrar la calma
2. Hablar y escucharse uno al otro y determinar
qué necesita cada uno
3. Proponer soluciones, sin seleccionarlas, como
un torbellino de ideas
4. Elegir la idea que más les gusta a los
dos, desarrollar un plan para aplicarla y ponerlo
en práctica. |
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La autora llamó a este proceso “Hablar
hasta entenderse” para oponerlo al clásico
“pelear para decidir quien gana”. Esto
representa una clara alternativa para pasar del
Paradigma del Litigio al Paradigma del Consenso
con todas sus implicaciones.
El gran beneficio de este método de resolución
de conflictos especialmente diseñado para
resolver los conflictos en el aula, es que el docente
deja de verse obligado a actuar como agente de orden.
No se le exige que investigue para saber quién
tiene razón, no necesita emitir juicios,
se terminan muchas presiones y los estudiantes son
los que resuelven los problemas de los estudiantes.
La tarea del docente es mantenerse neutral, sin
tomar partido por ninguno de los oponentes y en
cambio ayudar a los dos a descubrir sus propias
respuestas y encontrar sus propias soluciones.
Se produce un gran alivio emocional para el docente,
que deja de sentirse responsable de todo lo que
anda mal y al cabo de un tiempo, los estudiantes
resuelven muchos de sus problemas sin ayuda, pudiendo
entonces el docente ocupar ese tiempo en dar clases
intensivas de lo que escoja.
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1. 1. Relato “Amar al prójimo” |
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Nada más
motivador que compartir con Uds. el relato de Bárbara
Porro, en el cual nos cuenta cómo fue convencida
de las bondades del método. Lo transcribimos
por el carácter testimonial de la comunicación.
Amar al prójimo
Al finalizar el curso
ese verano, recibí una carta inquietante
de mi vecina. Me decía que lamentaba haber
llegado al extremo de tener que escribirme, pero
que estaba muy molesta por mi estilo de vida indiscreto
y desconsiderado. Enumeraba las muchas razones por
las que yo no era digna de vivir en ese barrio y
señalaba que me adaptaría mejor a
“las viviendas colectivas que hay en otros
barrios más modestos”. La carta concluía
con una amenaza: “se me está agotando
la paciencia y no voy a dejar de hacer lo que sea
necesario para volver a sentirme cómoda y
segura en mi propio hogar”. Al pie, me informaba
que había enviado una copia de la carta al
propietario de mi casa.
Me dio un ataque de indignación. ¿Cómo
se atrevía esta mujer a calumniarme, a comprometer
mi relación con el dueño de la casa
y a poner en peligro mi vivienda, que era una de
las pocas alquiladas a un precio razonable en este
lindo barrio? Refunfuñé y la maldije
en voz alta. Me dispuse mentalmente a contraatacarla.
Conozco a un buen abogado.
Entonces me acordé de la resolución
de conflictos. Ésta es una buena oportunidad
de aprendizaje, me dije. Trataré de hablar
con la mujer. Si me deja entrar en su casa, emplearé
el método y probaré que no funciona
con personas irracionales.
Recobrar la calma
Comencé por el
primer paso: recobrar la calma. No me haría
ningún bien ir a ver a la vecina con mis
emociones a flor de piel. Para descargar energías,
procedí a pasar la aspiradora por toda la
casa y asistí a una clase de gimnasia aeróbica.
Luego les leí la carta a varios amigos míos,
quienes me aseguraron que yo era muy respetable
y que la vecina estaba equivocada.
Finalmente, me sentí lo bastante serena como
para llamar por teléfono al propietario de
la casa, a fin de averiguar cómo estaban
las cosas y tratar de recuperar mi buena reputación.
Me dijo que todavía no había recibido
la carta, pero que mi vecina lo había llamado
hacía poco tiempo. La mujer era agente de
bienes raíces y lo llamó para avisarle
que había encontrado un comprador para la
casa. Me quedé helada. Esta mujer estaba
decidida a echarme del barrio. Le aseguré
al dueño de la casa que podía resolver
el problema yo sola.
Al día siguiente me había calmado
lo suficiente como para llamar a mi vecina.”¿Podemos
hablar?” le pregunté. Contestó
que no veía ninguna razón para conversar
conmigo. Le dije que hablar con ella me ayudaría
a comprender mejor lo que la estaba molestando.
Eso lo aprendí en el curso de capacitación.
Si quería que ella me hablara, debía
proponérselo de un modo que le resultara
atractivo. La mujer cambió de idea y aceptó
explayarse sobre mis malos hábitos. Acordamos
vernos el sábado siguiente. Eso me daba más
tiempo para serenarme y repasar mis apuntes del
curso.
Para cuando llegó el día sábado,
yo estaba mucho más animada. Por más
violenta que pudiera resultar la conversación,
estaba convencida de que no tenía nada que
perder. En el peor de los casos, pensé, me
quedaba el recurso de pedirle a los demás
vecinos que firmaran una carta declarando que yo
era respetable y ella era irracional. Esto no sería
difícil de hacer.
Con mi cuaderno de apuntes en la mano, respiré
hondo y toqué el timbre. Nos saludamos, me
senté en el sofá de la sala y comencé
a hablar. “Al parecer, nosotras dos tenemos
criterios muy distintos acerca de lo que es un estilo
de vida apropiado para este barrio. Yo no entiendo
su punto de vista. Por favor dígame que es
lo que le molesta”. Escuchar
respetuosamente Durante
los siguientes cuarenta y cinco minutos, soporté
la larga enumeración de sus objeciones respecto
de mi forma de vida. Las partes raleadas en el césped
de mi jardín disminuían el valor de
la propiedad. Los autos estacionados frente a mi
casa estropeaban el paisaje. El constante ir y venir
de “extraños”, que se quedaban
a dormir a pocos metros de su propio dormitorio,
le provocaban una incomodidad física. Con
cada punto de la lista, aumentaban mi estupor y
mi enojo. Pero no la interrumpí para defenderme.
Eso era contrario a la regla de escuchar respetuosamente.
En vez de ello, le pedí aclaraciones, asentí
y reformulé lo que ella decía: ”Déjeme
ver si entendí bien. A usted le cuesta dormirse
por la noche si ve un rostro extraño en el
barrio... ¿es eso?”. Nunca había
escuchado algo tan absurdo.
“¿Qué más?”, continué
preguntándole. “¿Hay alguna
otra cosa que le moleste?”. Era importante
que me transmitiera todas sus objeciones. Habló
de las ruidosas reuniones que tenían lugar
en mi jardín y de mi falta de comprensión
y respeto ante lo que era apropiado en el barrio.
Por último, cuando empezó a repetirse,
supe que habíamos llegado al final de la
lista.
Entonces asentí con la cabeza y le dije:
”Creo que ya entiendo su punto de vista”.
Por suerte había tomado el curso de capacitación,
pues de otro modo jamás se me hubiera ocurrido
esa respuesta. La frase ”entiendo su punto
de vista” no implica que uno esté de
acuerdo. Pero yo había adquirido una visión
totalmente distinta de la situación. Y tras
haberla escuchado durante cuarenta y cinco, minutos
tuve mi noción cabal de cómo era esta
mujer: provenía de otro país, de una
cultura desconocida para mí. Tenía
valores, actitudes y creencias que me eran ajenas.
Su jardín con el césped bien podado
y bellos canteros de rosales, reflejaba a la perfección
su concepto de lo que era apropiado y su necesidad
de tener todo bajo control. Éramos dos personas
completamente diferentes. Mi estilo de vida realmente
la ofendía y la hacía sentirse amenazada.
Ahora me tocaba a mí hablar. Le pregunté
si podía describirle la situación
desde mi punto de vista y esperé que me echara
de su casa. Pero, en cambio, me respondió:
“Sí. Dígame cómo ve usted
las cosas”. Quedé boquiabierta. Ésta
no parecía ser la misma persona que me había
escrito la carta. En ese momento, aprendí
que si uno quiere que alguien escuche lo que uno
tiene que decir, antes debe escuchar, realmente
escuchar durante un largo rato. Y como yo la había
escuchado respetuosamente, ahora se ponía
de manifiesto el lado respetuoso de mi vecina.
Le hablé de mí: le dije que era soltera
y que para tener una vida afectiva satisfactoria
necesitaba que mis amigos me visitaran. Como había
pasado la mayor parte de mi vida en la Costa Este,
a menudo recibía a amigos que venían
desde allí y se quedaban en mi casa durante
varios días y hasta semanas. Las personas
que ella veía como extraños sin hogar
eran, en realidad, prácticamente miembros
de mi familia.
Le dije que no me costaría nada pedirles
que estacionaran sus autos en la entrada de mi garaje,
y no en la calle. La mujer admitió que el
único vehículo que le molestaba era
“esa camioneta destartalada” (por entonces
yo estaba saliendo con un “hippie”).
Le comenté las dificultades que tenía
para cuidar mi jardín y le pedí consejo.
Me recomendó que regara el césped
más a menudo y que usara cierto fertilizante.
Me di cuenta de que la vecina me estaba escuchando.
No parafraseaba mis ideas como yo lo había
hecho, pues era evidente que no había asistido
a ningún curso de resolución de conflictos.
Pero adoptó una actitud un poco a la defensiva
al hablarme de una despedida de soltera que yo le
había dado a una amiga hacía poco
tiempo. “Seguramente se dará cuenta
de que esa reunión fue un tanto inoportuna,
¿verdad?”, me preguntó. Doce
mujeres habíamos pasado dos horas bordando
y leyendo poesías en mi jardín un
domingo por la tarde. Le dije que nunca se me había
ocurrido que lo que hacía en mi jardín
pudiera importunar a nadie. “Como esas cosas
no me molestan”, reconocí, “supongo
que di por sentado que tampoco le molestarían
a usted”. Eso se aplicaba a la mayoría
de las cuestiones sobre las que teníamos
distintos puntos de vista.
Definir el problema en función
de las necesidades A
continuación, vino la parte difícil.
Teníamos que reformular el problema en función
de lo que necesitábamos, de nuestros intereses
de fondo, lo cual es algo muy distinto de lo que
decimos que queremos. Ella quería que me
echaran de la casa, pero lo que realmente necesitaba
era una vecina sosegada, que mantuviera bien cuidado
el jardín del frente y no la asustara trayendo
caras extrañas. Mi contraofensiva podría
haber sido demostrar que ella estaba loca. Pero
mi verdadero interés era conseguir que dejara
de quejarse ante el propietario de la casa y de
intentar que éste la vendiera.
A esta altura de la conversación, es conveniente
poner de relieve los intereses que ambas partes
tienen en común. Antes de tomar el curso,
me habría costado mucho imaginar que pudiera
tener algo en común con mi vecina. Pero había
aprendido que, en situaciones conflictivas, uno
siempre tiene más cosas en común que
discrepancias. Después de todo, somos seres
humanos, con las mismas necesidades básicas.
Tomando en cuenta la lista de quejas de mi vecina,
reformulé la situación. “Tenemos
muchas cosas en común. Ambas valoramos nuestro
hogar. Ninguna de las dos quiere mudarse. Y las
dos queremos sentirnos seguras”. Para terminar,
expresé mis buenas intenciones: “Estoy
segura de que podemos resolver esto de un modo conveniente
para ambas”.
Buscar soluciones
en conjunto, escoger y planear Ni
se me había ocurrido que fuéramos
a avanzar hasta este punto, por lo que no había
llevado preparada ninguna solución para proponerle.
De todos modos, mis propias ideas no habrían
resultado útiles en este caso. Para encontrar
soluciones que satisficieran las necesidades de
ambas, teníamos que ponernos a pensar las
dos juntas.
Propuse una idea. “¿Qué le parece
si le presento a mis amigos cuando vengan a visitarme?
¿Eso le serviría para sentirse más
segura por la noche?”
“Sí”, me contestó.
“¿Cuánto tiempo pueden quedarse
antes de que yo la llame por teléfono para
avisarle?”
“Cuatro días”, propuso, y yo
lo anoté. Si conoce a mis amigos la haría
sentirse menos incómoda y cesar en sus intentos
de librarse de mí, yo estaba dispuesta a
aceptarlo.
A continuación, ella propuso que yo dejara
de recibir invitados en el jardín del frente.
“En este vecindario”, me informó,
“no es apropiado utilizar las áreas
comunes del frente para hacer reuniones sociales.”
Esto era algo difícil. El jardín del
frente, en el que se veían flores, ardillas
y pájaros, era mi lugar favorito para estar
con mis amigos. “¿Qué es lo
que le molesta de eso?”, le pregunté.
Una vez más, mi intención era explorar
el problema real que se escondía bajo su
postura rígida.
“El ruido”, respondió.
No creo ser una persona ruidosa, pero la verdad
es que nuestras casas están muy cerca una
de la otra. Le hice una contrapropuesta: “¿Qué
le parece si sólo uso el jardín del
frente para conversar tranquilamente con algún
amigo y hago las reuniones más ruidosas en
el fondo?”.
Le pareció bien.
Repasé las dos soluciones que había
propuesto. Me comprometí a mejorar el aspecto
del césped y hacer que mi amigo estacionara
la camioneta en la entrada del garaje. La vecina
dijo que con gusto me prestaría un poco de
fertilizante.
Hablar más
La conversación
estaba por terminar cuando me di cuenta de que aún
no había planteado mi principal preocupación:
que ella no siguiera tratando de librarse de mí.
Esto me resultaba particularmente difícil,
dada mi costumbre de evitar conflictos. Por suerte,
estaba preparada para hacerlo. Había practicado
varias veces, antes de venir, la manera de plantear
mis inquietudes sin emplear términos acusadores.
“Me sentí amenazada cuando usted le
mandó esto al dueño de mi casa”,
le dije mostrándole la carta,, “porque
parece que quisiera que me desalojaran.”
“Oh, no era mi intención hacer que
la echaran”, contestó.
Fue un momento sorprendente. En el curso me habían
hablado de este tipo de situación. Si uno
persiste lo suficiente, me habían dicho,
el otro hará algún comentario conciliador.
Y allí estaba.
“Me alivia saberlo”, le dije, sonriendo.
“Entonces, sólo queda una última
cuestión.”
“¿De qué se trata?”, me
preguntó.
“¿Qué pasa si el propietario
interpreta su carta como un intento de desalojarme?”.
“Bueno, puedo llamarlo y decirle que ya resolvimos
el problema”, respondió. “No
sé por qué lo molesté con esto,
en realidad.”
Cuando salí de la casa, mi vecina tenía
un brazo sobre mis hombros. ¡La persona aparentemente
irracional que había escrito esa carta venenosa,
me estaba abrazando! Me fui, sacudiendo la cabeza.
El método de la resolución de conflictos
había dado resultado, aunque la mujer no
había tomado el curso y aunque yo no había
creído que sirviera.
Al día siguiente, la vecina se apareció
en mi casa con unas ciruelas de su árbol,
con una bolsa de fertilizante (¡ya estaba
dando inicio al plan de mejorar mi césped!)
y con una disculpa. Lamentaba haber dicho que yo
no era digna de vivir en el vecindario. Le di las
gracias.
Nuestra relación se modificó gradualmente
tras esas dos horas de conversación. En primer
lugar, le presenté a cada uno de los amigos
que me visitaron ese verano, hasta que me dijo que
ya no era necesario que siguiera presentándole
a mis invitados. Mientras tanto, ella llamó
al propietario de mi casa y le hizo saber que habíamos
resuelto el problema. Las partes raleadas de mi
jardín se cubrieron de un césped verde
resplandeciente. Ese verano, justamente, yo pasé
muchos fines de semana fuera de casa, visitando
a mi futuro marido. Varias veces, al volver después
de un fin de semana largo, me encontraba con el
césped ya regado. ¡La vecina se estaba
encargando de cuidar mi jardín!
A menudo vuelvo a recordar la conversación
con mi vecina y me maravilla lo bien que funcionó
el procesó. Realmente, parece algo mágico.
¿Cómo pudimos conciliar nuestras diferencias,
cuando pocos minutos antes estábamos preparadas
para entrar en guerra? Sólo
puedo decir cómo cambié yo. El proceso
que me esforcé en llevar adelante me prohibía
actuar según mis viejos instintos. Cada vez
que discrepaba con lo que ella decía, la
escuchaba y reconocía que su punto de vista
era válido, en lugar de decirle que estaba
equivocada. Más tarde, cuando fue mi turno
de hablar, ella pudo hacer lo mismo. Una vez que
sacamos a relucir todas las cuestiones, las analizamos
juntas, reflexionamos y nos preguntamos: “Dado
que somos tan distintas ¿cómo podremos
vivir lado a lado como vecinas?”. Nuestros
cerebros no nos defraudaron. Fuimos lo bastante
creativas como para concebir soluciones que no sólo
satisfacían nuestras necesidades y mejoraban
la situación, sino que también hicieron
posible una relación más amistosa
entre ambas.
El curso de capacitación para resolver conflictos,
junto con la experiencia personal que tuve con mi
vecina, me convencieron de la importancia y de la
eficacia de este nuevo enfoque. Estaba ansiosa por
aplicar estas estrategias con mis alumnos de segundo
grado, cuyas incesantes peleas agotaban mi paciencia
y mi buen humor, aumentaban mi frustración
y desperdiciaban valiosas horas de clase. ...
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1. 2. Análisis del proceso en sus cuatro
pasos |
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Enseñar a resolver conflictos no difiere
de enseñar cualquier otra cosa y el mejor
aprendizaje es haciendo. Enseñar a los estudiantes
a resolver sus problemas sociales requiere igual
grado de concentración, compromiso y paciencia
que cualquier otra tarea docente.
Resolver problemas de la vida real es el punto central
de este programa. Los estudiantes descubren que
el conflicto es algo natural que forma parte de
la vida, que es su reacción frente al conflicto
lo que lo vuelve negativo o positivo, aprenden a
ver los conflictos como problemas a resolver, descubren
que salir ganando no implica que el otro tenga que
perder, internalizan que es actuando juntos todos
como pueden lograr mucho más que lo que cada
uno alcanzaría en forma separada. Se revaloran
a sí mismos al experimentar que son lo bastante
inteligentes y responsables como para resolver problemas
sin la ayuda del maestro. |
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Imaginemos por un instante un mundo
en el cual todas estas destrezas
estuvieran adquiridas por toda la gente
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PASO 1: Hacer
un alto. Recobrar la calma. Ventilar las emociones.
Comprender el problema. |
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Es frecuente que adultos, jóvenes y niños
reaccionemos con alguien que creemos que se porta
mal con nosotros protestando, enojándonos,
maldiciendo o contando a alguien lo sucedido. Los
chicos en la escuela corren a contarle al docente,
esperando que los apoye, los calme y resuelva el
problema.
Lo que se propone en este primer paso es escucharlos,
prestarles atención, contenerlos, pero no
solucionarles el problema. Se trata de ayudarles
a que COMPRENDAN Y RECONOZCAN EL PROBLEMA. Para
poder reflexionar sobre cuál es el problema,
deben estar calmados. Para calmarse se puede respirar
hondo, contar hasta diez, tomar agua, caminar por
el patio o el parque de la escuela. Podemos proponer
que se generen creativamente estrategias para lograr
la calma dentro del grupo. |
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PASO 2: Hablar
y escucharse uno al otro. Reencuadrar el conflicto. |
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Es muy
importante en esta etapa facilitar que los estudiantes
dialoguen sobre el problema, expresándose
en primera persona. Sin acusar al otro, expreso
con toda la claridad que puedo cómo me siento
yo. Aquí, el docente puede asistir parafraseando
lo que se dice, resumiendo las ideas y permitiendo
que cada parte exprese sus sentimientos.
Es muy importante lograr que los chicos expresen
su deseo de dejar de estar enojados con su compañero.
En esta etapa debemos buscar lo que esta detrás
de la “posición”, debajo de lo
que se dice, indagando “intereses” y
“necesidades”, el ¿por qué?
y ¿para qué? de lo que estamos diciendo.
Aquí, la colaboración más grande
es para que encuentren las Verdaderas
Razones. También
aquí es el momento oportuno para descubrir
intereses compartidos y destacarlos. Es muy frecuente
que, interrogados debidamente, los estudiantes expresen
que quieren seguir siendo amigos.
No siempre resulta fácil descubrir los verdaderos
intereses, y más difícil aún
ver los intereses compartidos. Si los intereses
se descubren como irreconciliables, será
necesario que en el planteo queden incorporados
los intereses de los dos.
Esta tarea suele ser la que mayor atención,
concentración y observación exige
al docente. Si esta etapa se tornase muy difícil
se puede preguntar “¿cómo se
puede resolver este problema de modo que ambos queden
contentos?”.
Al proponer ideas, los chicos tienden a buscar naturalmente
la satisfacción de sus necesidades y salen
de sus posiciones. |
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PASO 3: Proponer
soluciones alternativas |
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Los chicos aprenden lo que viven y han aprendido
(por lo que han vivido) que los problemas se resuelven
insultándose, pegando o devolviendo el golpe,
acusando al otro, acudiendo al maestro.
Este paso de proponer nuevas ideas, implica para
los estudiantes pensar otras alternativas, fomentar
la creatividad, aprenden a tomarse un tiempo para
buscar las mejores soluciones, que generalmente
no son las primeras que se les ocurren. Se ponen
“juntos” a buscar soluciones que los
beneficien a los dos. |
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Reglas
de oro de la Tormenta de Ideas |
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| VALORACIÓN
DIFERIDA |
REGISTRAR
TODAS
LAS
IDEAS |
• No juzgar
• No criticar
• No emitir ninguna clase de comentarios
sobre las ideas que se vayan proponiendo |
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Para el
docente, por cuestión de entrenamiento, puede
en ocasiones serle difícil el abstenerse
de todo juicio; pongamos por caso que un niño
propone como solución pegarle al otro o hacerle
alguna cosa peor. En ese momento es preciso abstenerse
de todo juicio y registrar la idea sin emitir opinión
sobre ella. Únicamente se lo hará
en el momento de la valoración.
Recordemos que registrar
una idea no significa aceptarla.
Si los niños son muy
pequeños hay que desarrollar el torbellino
de ideas rápidamente para que no se desconcentren
y mantengan la atención. Si alguno de los
chicos plantea un problema que ocurrió ayer
(por ejemplo, que el mismo niño con el que
mantiene el conflicto le quitó un lápiz
ayer), el maestro debe intervenir para focalizar
la atención en el problema que están
tratando de resolver y decir “ahora estamos
tratando el problema de cómo pueden hacer
para jugar juntos.
Cuando lo hayamos resuelto de un modo que queden
conformes las dos, entonces podremos “Hablar
hasta entendernos” con el asunto del lápiz
que ocurrió ayer.”
Conviene llevar un REGISTRO DE LAS IDEAS que surjan,
anotándolas. Se puede utilizar como soporte
un cuadro similar al que ilustramos: |
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REGISTRO DE LAS SOLUCIONES PROPUESTAS
El problema: ¿Qué se puede hacer
ahora mismo para que..
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Llenar
el siguiente cuadro es una forma entretenida de
concentrarse en el proceso. |
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Recordemos
que registrar la idea no significa aceptarla.
Puede ocurrir que todas
las propuestas sean violentas; esto indica que los
sentimientos de enojo son muy fuertes y están
obstruyendo el pensar creativo.
Es necesario, en este caso, volver a recobrar la
calma y permitir la expresión de los sentimientos
(ventilación de emociones) antes de continuar.
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PASO 4: Elegir
la idea que más les gusta a los dos
y ejecutarla. |
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Para llegar al acuerdo será necesario encontrar
soluciones que las partes involucradas en el conflicto
perciban como beneficiosas para ambos.
Para los más pequeños, con la expresión
de las caras ya tenemos un claro indicio de cuáles
son las aceptadas como buenas por los dos.
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SI,
ME GUSTA LA IDEA |
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NO,
LA IDEA NO ME GUSTA |
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TAL
VEZ SEA UNA BUENA IDEA |
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Y PERMITEN:
1°-Conocer los intereses
de los niños
2°- Que expresen sus sentimientos
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En el caso de que ninguna
de las propuestas tenga las dos caras sonrientes,
el mediador puede intentar una combinación
de las propuestas o tomar una propuesta que tenga
una de las caras alegre y otra seria, aunque no
triste y tratar de promover comunicación
para obtener una aceptación por parte de
los dos.
Para los más grandes, el criterio de selección
de la idea puede ser solamente “si, me gusta”,
“no me gusta”, “tal vez”,
“es necesario mejorarla”. Una vez
que se haya encontrado la propuesta que deja conformes
a los dos, SE DEBE EJECUTAR LO ACORDADO. Esto
es, pasar de la idea a la acción. Para
motivar este pase, el docente-mediador puede hacer
algunas preguntas que permitan a los chicos pensar
cómo van a ejecutar lo propuesto.
Proceso como Ejemplo
Para que los chicos hagan
lo que han acordado, es preciso recordarles y
asistirlos en términos de orientarlos a
seguir las pautas como siguen:
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¿Qué tiene que pasar antes?
¿Y después de eso qué?
¿Quién se va a encargar de...?
¿Cuándo lo van a hacer?
¿Cómo lo van a hacer?
¿Cómo van a...? |
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En el caso
de que lo previsto no funcione ¿qué
van a hacer?
A veces, lo que fue planeado no funciona. Los niños
deben aceptarlo como una experiencia.
Si una idea fracasa,
se puede buscar y obtener otra mejor.
Para esto, se
toman notas del proceso y se guardan tales registros
de todos los casos con las soluciones que han sido
encontradas en cada uno de los conflictos resueltos;
esto ayuda para usarlo como guía cuando se
están buscando nuevas soluciones.
Cuando el acuerdo se logró, el docente verifica
y felicita a las partes.
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1. 3. Sugerencias para el docente-mediador |
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Manténgase al margen. Usted
es responsable de llevar adelante el proceso, no
de buscar la solución.
Eluda la emisión de juicios relativos
a quien tiene la razón. Sea neutral.
Ocúpese en llevar
adelante el proceso
¡Acepte el reto!
siga adelante
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1. 4. Un ejemplo práctico |
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Relato
de un conflicto resuelto con el método “Hablar
hasta entenderse”.
Tanto el docente como los niños han recibido
entrenamiento básico para aplicar el método
de Bárbara Porro de “Hablar hasta entenderse”.
Hace una semana que se han iniciado las clases.
En el patio del recreo, Silvia se acerca a la maestra,
tirándole de la manga. “Eugenia no
quiere jugar conmigo” afirma, sollozando.
La docente, recién egresada de un curso de
Manejo Adecuado de Conflictos, decide darles una
oportunidad de “HABLAR HASTA ENTENDERSE”
y las invita a ir hasta el Rincón de los
Conflictos. La
maestra: ¿Cuál
es el problema? Silvia(llorando):
¡Eugenia no quiere jugar
conmigo! La
maestra: Así
que estás triste porque Eugenia no quiere
jugar contigo? ¿Sabe Eugenia que quieres
jugar con ella? Silvia,
entre sollozos: Sí.
La invité a jugar cuando entramos a la escuela
y ella me dijo que sí y ahora esta jugando
con Graciana. La
maestra (resume y parafrasea): Entonces,
Eugenia quedó en jugar contigo y en vez de
hacerlo, está jugando con Graciana. ¿Cómo
te sientes con esto?
Silvia:
Enojada.
La maestra:
¿Te gustaría
Hablar hasta Entenderte con Eugenia ahora?
Silvia: Si,
pero ella no va a querer.
La maestra:
Le voy a preguntar. ¿Estás
dispuesta a hablar ahora con Silvia o necesitas
más tiempo para tranquilizarte?
Eugenia: Creo
que estoy lista (respirando ruidosamente).
La maestra hace
señas a Silvia para que se acerque y le dice:
”Eugenia esta dispuesta a hablar hasta entenderse
contigo”. Se
acercan las tres y se miran. La
maestra: Silvia, cuéntanos
que pasó. Silvia:
Eugenia dijo que iba a jugar
conmigo y se fue a jugar con Graciana.
La maestra: Así
que invitaste a Eugenia a jugar y ella te dijo que
sí y luego se fue a jugar con otra.
Silvia: Sí.
La maestra: ¿Puedes
decirle a Eugenia cómo te sientes? Recuerda
hablar siempre en primera persona.
Silvia (dirigiéndose
a Eugenia): Yo estoy
enojada porque no quieres jugar conmigo.
La maestra: Gracias,
Silvia. Ahora, Eugenia, es tu turno. ¿Qué
fue lo que pasó? Eugenia:
Bueno, Graciana mi
invitó primero, así que tuve que jugar
con ella. La
maestra (parafraseando): Así
que Graciana te invito a jugar antes que Silvia.
Eugenia: Si,
Graciana me invitó ayer.
La maestra: A
ver si entendí bien: Graciana te invitó
ayer. Silvia te invitó a jugar hoy a la mañana
y tu les dijiste que sí a las dos. ¿Cómo
te sientes ahora? Eugenia:
Mal, porque no quiero que
Silvia esté enojada conmigo.
La maestra: Así
que para ti es importante seguir siendo amiga de
Silvia. Bueno, cuando Silvia te invitó a
jugar esta mañana ¿tu querías
jugar con ella?
Eugenia:
Sí.
La maestra: ¿Podrías
decírselo a Silvia? Eugenia
(dirigiéndose a Silvia): De
veras que quería jugar contigo, Silvia, sólo
que Graciana me invitó antes.
La maestra: Parece
que las dos querían jugar juntas ¿no
es así? (ambas mueven la cabeza afirmativamente).
Vamos a ver si se les ocurren cuatro maneras en
que puedan reunirse para jugar. ¿Quién
tiene una idea? Eugenia:
Yo podría jugar con
Silvia mañana. Silvia:
¡No! ¡Quiero jugar
hoy! La maestra:
Silvia, ¿te
acuerdas de las reglas de la Tormenta de Ideas?
Primero proponemos muchas ideas. Luego, en el paso
siguiente vemos qué nos parecen esas ideas.
Ahora vamos a proponer más ideas (sin opinar
sobre lo que nos parecen esas ideas). Muy bien,
una idea es que Silvia y Eugenia pueden jugar juntas
mañana. ¿Tienen otra idea?
Silvia: Podemos
jugar en el próximo recreo.
La maestra: ya
van dos ideas... ¿de qué otro modo
podrían juntarse para jugar?
Eugenia: Podríamos
jugar después de clase. Silvia:
Podríamos hacer juntas
las actividades de las horas especiales.
La maestra: Ya
tenemos cuatro ideas. ¿Hay alguna otra? ¿Cuál
de las cuatro ideas les gusta a las dos?
Silvia: Jugar
en el próximo recreo. La
maestra: ¿Te
parece bien, Eugenia?. Eugenia:
Es que Graciana y yo pensábamos
seguir jugando en ese recreo. Silvia:
¿Puedo jugar
yo también? Eugenia:
Bueno.
La maestra: A
los dos les gusta la idea de que Silvia juegue junto
a Eugenia y Graciana en el próximo recreo.
Para que esta idea funcione ¿qué tiene
que pasar antes? Eugenia:
Tengo que decírselo
a Graciana. La
maestra: ¿Se
les ocurre a qué pueden jugar las tres?
Silvia: Podríamos
saltar a la cuerda. Eugenia:
Está bien.
La maestra: ¿Y
qué pasa si Graciana dice que quiere jugar
ella sola con Eugenia? Eugenia:
Entonces yo puedo jugar con
Silvia mañana.
Silvia:
En el recreo largo.
La maestra: Resumiendo,
de modo que el plan es que Eugenia preguntará
a Graciana si quiere saltar a la cuerda con Silvia
en el próximo recreo. Y si esto no funciona,
Eugenia va a jugar con Silvia durante el recreo
del mediodía, mañana. ¿Quedó
solucionado el problema?
Ambas: ¡Sí!
La maestra: ¡Qué
bueno! Hablando hasta entenderse encontraron la
solución.
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1. 5. Armando el “Rincón para resolver
Conflictos” |
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Consiste en generar un espacio en el aula o en la
institución donde los estudiantes puedan
“hablar hasta entenderse” que denominamos
Rincón de los Conflictos, pero que cada docente
puede con sus chicos ponerle un nombre que consideren
adecuado y que permite cumplir con los siguientes
propósitos: |
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Que dos chicos estén hablando hasta entenderse
y el aula pueda seguir desarrollando otras actividades
planeadas.
Que se habitúen a tratar sus conflictos en
un espacio y no en cualquier espacio. Esto, sumado
al entrenamiento sobre la base de reglas, permite
establecer los cambios necesarios en la percepción
de los problemas para que estén dispuestos
a buscar soluciones creativas. Obtener un cambio
de paradigma lleva su tiempo. |
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1. 6. Reglas operativas básicas |
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En el proceso de “Hablar hasta Entenderse”
se establecen tres Reglas Básicas que garantizan
la comunicación e impiden conductas antagónicas.
Estas reglas son fundamentales en todos los métodos
de resolución no adversarial de conflictos.
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Regla Nº 1: Tratarse
con respeto
Regla Nº 2:
No interrumpir
Regla Nº 3: Colaborar
en la resolución del problema. |
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Las reglas se escriben en el Rincón de los
Conflictos como recordatorio y es bueno que el significado
de las mismas sea analizado y consensuado entre
todos, para ir construyendo la convivencia.
En general, en el debate sobre la Regla N°1,
los chicos deciden qué significa no insultar,
ni criticar, ni echarle la culpa a otro. El lenguaje
corporal también puede llegar a ser irrespetuoso,
por ejemplo sacar la lengua. Para ilustrar la importancia
de la regla, se puede pedir a dos niños que
dramaticen un conflicto insultándose uno
al otro. Queda muy claro para los que los observan
que los insultos intensifican la hostilidad e invitan
a seguir peleando, escalando el conflicto. Se les
pide a los dos chicos que teatralicen el mismo conflicto
tratándose con respeto. Descubren que aunque
es más difícil, permite una comunicación
eficaz.
Se puede hacer lo mismo con las otras dos reglas
para que sean internalizadas y se las deja escritas
y representadas por gráficos en el Rincón
de los Conflictos, para que todos puedan recordar.
El cumplir las reglas evita gran parte de las faltas
habituales y ayuda a encauzar a los estudiantes
hacia una situación productiva.
Comportarse con respeto elimina los insultos, los
gritos y los intentos de culpar al otro.
Que no se realicen interrupciones al que está
hablando implica que los chicos tengan ocasión
de contar su historia sintiéndose escuchados
y valorados. Esto aplaca sentimientos hostiles y
posibilita el perdón y las reconciliaciones.
La tercera regla que hace que los estudiantes concurran
al Rincón de los Conflictos para resolver
sus problemas, hace que tomen en serio el proceso
y que cumplan lo que acuerdan.
Con chicos irritables y ansiosos de interrumpir
al otro, puede ser conveniente antes de iniciar
el “Hablar hasta entenderse”, recordar
las Reglas y hacer el compromiso formal de que serán
respetadas. En el caso de que no puedan respetarlas,
se interrumpe el proceso y se les indica que lo
continuarán cuando recobren la calma necesaria
para llevarlo a cabo.
El mejor modo de lograr que los estudiantes acaten
las reglas es que su experiencia inicial en el Rincón
de los Conflictos sea positiva. Con el tiempo, pueden
aprender a discrepar y aún así tener
razón ambas desde cierto punto de vista y
esto los lleva a desarrollar creatividad en la búsqueda
de soluciones que sean beneficiosas para los dos.
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1. 7. Hablar en forma auto afirmativa |
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Expresar lo que sentimos en una situación
conflictiva, sin herir y sin que nos rechacen, es
difícil sobre todo si hay dolor, desesperación,
ira. Ocultar tales emociones, suele ser peor.
Reconocer y expresar los propios sentimientos permite
profundizar las relaciones humanas. Los sentimientos
no reconocidos pueden distorsionar el juicio, reducir
la capacidad para controlar la conducta. Es una
característica de falta de desarrollo de
Inteligencia Emocional.
Nosotros expresamos nuestros sentimientos: |
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Nombrando el
sentimiento: “Estoy enojado”, “Me
siento complacido”, etc.
Empleando metáforas:
“Me siento en el 7°
Cielo”.
Empleando figuras retóricas
o expresiones populares: “Me
siento reventado como un sapo”, “Afligido
como gorrión mojado”.
Describiendo la acción
que el sentimiento nos inspira: “Te
comería a besos”, “Te rompería
la cara”, “Te abrazaría”. |
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¿Cómo
comunicar nuestros sentimientos de modo constructivo
y que nos permita resolver el conflicto?
Comparemos estas
dos situaciones: |
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1. Estoy
armando un rompecabezas y Ud. me está observando.
Sabe dónde debe ir una de las piezas, la
toma y la coloca en el rompecabezas. Yo le contesto
con rabia. “¡Basta! Siempre te estás
metiendo en lo que no te importa. ¡Andate
de aquí!”. ¿Cómo nos
sentimos cuando alguien nos responde así?
¿Qué me responderían?
Supongamos que ocurre así...
2. Estoy
armando un rompecabezas y Ud. me esta mirando. Ud.
se da cuenta dónde debe ir una de las piezas,
la toma y la inserta donde va. Yo lo miro con rabia,
respiro hondo y le digo: “No me gusta que
toques el rompecabezas porque quiero armarlo sola,
por mi cuenta”. ¿Cómo se sienten
si les contestan así? ¿Cómo
me responderían? ¿Qué puede
ocurrir a continuación? Indudablemente no
recibimos de la misma manera el mensaje, aunque
en esencia digamos exactamente lo mismo. |
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EL MEJOR MODO DE COMUNICAR
NUESTROS SENTIMIENTOS CUANDO
INTENTAMOS EXPRESARLOS SIN OFENDER
Y RECOMPONER O RESOLVER LA
SITUACIÓN, ES EXPRESARLOS EN PRIMERA
PERSONA
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La descripción
del sentimiento debe ser personal desde mi mismo,
empleando palabras como: “yo”, “a
mí”, “me”, “mío”
y en forma directa. Modelos:
Siento (pongo
el nombre de lo que siento: pena, o rabia, o desesperación,
o alegría, etc.) cuando
tú (designamos
la conducta específica que se realizó
en el ejemplo anterior) pones la ficha en el rompecabezas
porque
(explicamos el modo en que la conducta nos afecta),
en el caso del rompecabezas, quiero armarlo por
mí misma. Completar
como ejercicio estos otros ejemplos. |
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Me molesta que tú ........................
porque .............................
Me gustaría que (lo que mejoraría
las cosas para mí) .................
Cuando vos....... ...... me siento.................
porque...................
Es un problema para mí que vos ........................
porque...........
Por favor ........................................
(hacer un pedido personal)
Necesito .............................. (un pedido:
que no fumes en este
cuarto) porque ..........................................
(me daña el humo). |
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Expresar nuestros sentimientos y, en la medida de
lo posible, hacerlo en primera persona, permite:
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1. Clarificarnos a nosotros mismos con respecto
a lo que sentimos.
2. Entrar, cuando el otro nos escucha, en un diálogo
que mejora la relación.
3. Aportar información necesaria para ser
comprendido, para comprenderse y hasta para iniciar
o re-iniciar una comunicación.
4. Eliminar la tendencia de hablar en 2° persona
para acusar y censurar |
| |
|
En el ejemplo del rompecabezas, cuando dice “siempre
te estás metiendo en lo que no te importa.
¡Andate de aquí!”, este mensaje
está trasmitido en segunda persona. Este
mensaje censura y acusa al otro por haber hecho
algo malo. Los mensajes en 2° persona son una
crítica. El que los recibe suele enojarse
o ponerse a la defensiva o ambas cosas a la vez.
Entonces queda totalmente obstaculizado el clima
necesario para comenzar a hablar hasta entendernos.
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| El modo en que expresamos
los sentimientos es una de las condiciones
que va a facilitar u obstruir el proceso de
“Hablar hasta entenderse”. |
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Es necesario
analizar el momento adecuado para expresar lo que
se siente. La clave para expresar un sentimiento
de enojo es hacerlo sin OFENDER.
Pregúntese: |
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¿Cuándo es el mejor momento para darle
a alguien un mensaje en primera persona?
¿Cuándo sería un mal momento?
¿Qué tono de voz sería el más
eficaz para que el otro escuche lo que tiene que
decirle? |
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Ejercicios de Reflexión |
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Para hacerlo de a dos personas |
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Hablar con la otra persona emitiendo el mensaje
sobre su enojo como lo harían habitualmente.
A continuación, expresarlo en primera persona.
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Situaciones posibles: |
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1) Estás haciendo un trabajo en grupo y alguien
te llama “tortuga”.
2) Le prestaste un libro a un compañero y
te lo devuelve engrasado, con manchas de mate y
con una hoja rota.
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2. CAMBIOS EN EL MANEJO DE CONFLICTOS EN EL AULA |
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|
Muchos docentes, agobiados por el nivel de violencia
en el aula y ansiosos por lograr un cambio, se preguntan
cuánto tiempo lleva a los estudiantes adquirir
una cierta autonomía en la resolución
de conflictos.
Es necesario recordar que el cambio no es rápido.
Las creencias del docente y de los estudiantes en
cuanto al modo en que han venido resolviendo sus
conflictos deberán ser modificadas, porque
sólo a través de un cambio en la percepción
del conflicto podremos obtener un cambio de actitudes
frente a él. Otra vez debemos recordar aquí
que estamos aceptando el desafío de pasar
de una cultura del litigio, de la violencia, a una
cultura del consenso y del acuerdo.
Como todo este tema lo hemos desarrollado a partir
de las ideas de Bárbara Porro, compartimos
con Uds. El viejo modo y El nuevo Modo de resolver
conflictos, como una manera de esclarecernos.
Existen dos modos de abordar un conflicto: |
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El viejo modo, que nos lleva a intervenir y manejar
la situación.
El nuevo modo, que nos permite utilizar los conflictos
como oportunidades para que los estudiantes practiquen
las técnicas de resolver problemas. |
| |
|
Se requiere un esfuerzo consciente para pasar de
la antigua forma de manejar conflictos a la nueva.
Tanto el docente como los estudiantes deberán
desaprender muchas cosas. Es previsible que se cometan
errores. Los siguientes cuadros muestran algunas
diferencias entre estos dos modos.
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| |
2. 1. La perspectiva del estudiante |
| |
|
| El viejo modo |
El nuevo modo |
| El estudiante maneja los conflictos desquitándose,
retrayéndose o denunciando al otro. |
El estudiante obtiene lo que desea empleando
su capacidad de escuchar, hablar y pensar. |
| Cuando lo “tratan mal”, busca
vengarse. |
Cuando hay un conflicto, el estudiante procura
satisfacer sus necesidades. |
| Un modo de vengarse es denunciar al otro
(hacer que el otro compañero sea sancionado). |
El estudiante pide al docente que lo ayude
a hablar hasta entenderse con el otro compañero. |
| El estudiante trata de convencer al docente
de que “yo tengo razón y mi compañero
no la tiene”. |
El estudiante habla abiertamente de lo que
pasó. El docente lo escucha y acepta
lo que dice. |
| El estudiante puede mentir para evitar ser
sancionado. |
El estudiante dice la verdad porque no se
emiten juicios. |
| El estudiante puede manifestar su enojo
para llamarle la atención al docente. |
El estudiante no precisa llamar la atención
porque se siente escuchado. |
| El estudiante que informa al docente sobre
el conflicto es tildado de “soplón”
y el conflicto persiste. |
Cuando ambos estudiantes obtienen lo que
necesitan (y ninguno es sancionado), no es
preciso desquitarse. |
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2. 2. La perspectiva del docente |
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| El viejo
modo |
El nuevo
modo |
| El docente percibe el conflicto como una
interrupción en el aprendizaje. |
El docente percibe el conflicto como una
ocasión propicia para enseñar
técnicas de conciliación. |
| El docente se siente compelido a enmendar
los problemas rápidamente y reanudar
la clase. |
El docente remite los problemas a la hora
prevista para hablar hasta entenderse y reanuda
la clase. |
| El docente maneja la situación. |
El docente no resuelve el problema, sino
que les enseña a los chicos cómo
resolverlo por sí mismos. |
| El docente se agota manejando las quejas
de los estudiantes. |
El docente trata las quejas como pedidos
de ayuda de los estudiantes y los remite al
Rincón de los Conflictos. |
| El docente le dice al estudiante: “no
me traigas cuentos”. |
El maestro le enseña al chico cómo
pedir ayuda. |
| El docente sermonea. |
El docente le pregunta al chico: “¿Cómo
puedes resolver esto?”. |
| El docente se interesa en el pasado (quién
hizo qué cosa). |
El docente se interesa en el futuro (cómo
lograr un desenlace satisfactorio). |
| El docente se interesa en el chico (quién
se portó mal). |
El docente se interesa en el problema (qué
anduvo mal) y no emite juicios. |
| El docente le dice al estudiante que se
portó mal y que pida disculpas. |
El docente le pregunta al chico: “¿Cómo
podemos mejorar esta situación?”. |
| El docente plantea las consecuencias negativas
al estudiante con mala conducta. |
Cuando corresponde, el docente plantea las
consecuencias lógicas que ayuden al
estudiante a superar sus actuales dificultades. |
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| |
2. 3. Valores y Creencias |
| |
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| El viejo
modo |
El nuevo
modo |
| Los conflictos son malos. |
Los conflictos son naturales. Según
cómo los tratemos, pueden tener resultados
negativos o positivos. |
| Los chicos necesitan de los adultos para
resolver sus problemas. |
Los chicos son responsables y capaces de
resolver sus propios problemas. |
| No está bien cometer errores. |
Errar es humano. Los errores son oportunidades
para aprender. |
Cuando hay problemas, alguien
tiene la culpa. |
Cuando hay problemas, buscamos soluciones. |
| Hay un solo camino correcto. |
Hay muchas formas de percibir las cosas.
Hay muchos modos de resolver problemas. |
| No está bien enojarse ni desalentarse. |
Es humano enojarse y desalentarse cuando
surgen problemas. Hay maneras respetuosas
de expresar estos sentimientos. |
| Al chico que se comporta muy mal hay que
castigarlo para que aprenda. |
Al chico que no sabe comportarse hay que
alentarlo, guiarlo y enseñarle. Los
niños se portan bien cuando se sienten
bien. |
| La competencia es una buena manera de motivar
a los estudiantes. |
La competencia conduce al conflicto. La
cooperación genera confianza y ayuda
a los chicos a rendir en sus estudios y a
formar relaciones más profundas. |
|
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3. OTRAS ESTRATEGIAS DE RESOLUCIÓN DE CONFLICTOS
EN EL AULA |
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Si bien
la estrategia de “Hablar hasta Entenderse”
es una de las más efectivas para lograr el
cambio de percepción de los conflictos por
parte de los estudiantes y el modo de generar hábitos
de resolución no adversarial, la diversidad
de conflictos y problemas que el docente tiene que
trabajar en el aula requiere que el docente cuente
con otras estrategias que resulten efectivas para
situaciones puntuales.
ESTRATEGIA
1: DAR ÓRDENES Una
orden directa es la respuesta más adecuada
ante problemas importantes que requieren respuestas
instantáneas, en el caso de estar en juego
la seguridad. La orden debe ser dada con tono de
voz firme pero amable. Firme, para que el estudiante
comprenda que está hablando en serio; y amable,
para que se sienta respetado. En el caso de que
un chico desobedezca esta orden, haga que esta actitud
tenga consecuencias para él, siempre en una
actitud de respeto. Si Ud. esta furioso, respire
hondo y controle su emoción antes de dar
la orden. En la comunicación de una orden
con cólera, los chicos la perciben como castigo
y aumenta sus sentimientos de resentimiento y de
hostilidad. |
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Ejercicio:
Imagine al menos
tres situaciones que en el aula deben tener
como respuesta una Orden.
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Ejemplos: |
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1. Están por
subir al vehículo que los lleva a una excursión
y los niños que marchan en fila, se empujan
unos con otros iniciándose una agresión
entre varios. Ud. emite una orden clara y con firme
autoridad: “¡Quédense
quietos y mírenme! Cuando todos se hayan
tranquilizado seguiremos subiendo al colectivo.”
2. Un gatito se ha trepado
a la pared del fondo del patio y maúlla desesperado
porque no se anima a bajar solo. Un chico trepa
al tapial poniendo en riesgo su integridad física.
Ud. que lo ve desde el otro lado del patio, grita:
“¡Bájate inmediatamente!”,
mientras se acerca para también proveer seguridad
al gatito. |
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ESTRATEGIA 2: PROPONER CONCILIACIONES
Hay muchas circunstancias
que en la vida del aula son generadoras de conflictos
entre el docente y los alumnos; puede prevenirse
todo malestar y toda hostilidad si, al presentarse,
se proponen alternativas que satisfacen parcialmente
las necesidades de todos.
Recuerde: los chicos aprenden lo que viven... Si
viven sintiendo que sus necesidades son tenidas
en cuenta y el clima en el aula es de atención
de las necesidades de todos, también se van
a esforzar en atender las necesidades de los demás.
Ejemplo:
La clase entera estaba trabajando
con pinturas, pinceles y recipientes con agua y
Ud. no se dio cuenta y sonó el timbre del
recreo. Los chicos están por salir corriendo
al recreo dejando todo pinceles, pinturas y recipientes
en estado de desorden en el aula. Ud. prefiere que
ordenen antes de salir y les dice: “Si dedicamos
5 minutos a ordenar las cosas ahora, les daré
5 minutos más de recreo después de
que suene el timbre”. En este caso, la cuestión
es lo bastante insignificante como para no meterse
todos en un diálogo para determinar que es
lo mejor.
Ud. busca una conciliación que tenga en cuenta
las necesidades de todos y que implique que todos
tengan también algo que ceder.
ESTRATEGIA 3: EVITAR
DE PLANO EL PROBLEMA La
vida en el aula sería altamente intolerable
si los docentes no supieran distraer a los chicos
de problemas menores y lograr que vuelvan a sus
tareas habituales, olvidándose de los problemas
insignificantes.
Todos salen ganando cuando el docente sabe cómo
y cuándo pasar por alto pequeñas contrariedades
que evitan que se perturbe el proceso normal de
la clase. Bárbara Porro presenta cuatro maneras
de evitar conflictos menores en el aula: |
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1. Distraer:
Desvíe la atención
de los niños haciendo que se concentren en
otra cosa. Se larga un chaparrón en el medio
del recreo, los niños vuelven al aula fastidiados
y con quejas de todo tipo con respecto a las actitudes
de los otros compañeros. Ud. propone que,
imitando a las ranas que le cantan a la lluvia,
todos juntos canten una canción a la lluvia
y que rápidamente recuerden entre todos tres
cosas buenas que hace la lluvia en la vida de los
seres humanos. Todos olvidarán para siempre
las quejas y fastidios que se habían provocado
unos a otros y la clase seguirá su curso.
2. Atenuar:
La respuesta del docente minimizando
una situación puede disolver la situación
de conflicto en un instante. Por ejemplo, Ud. esta
conversando con la madre de un estudiante. Viene
una niña a acusar a otra de que no la deja
participar en el juego. Ud. la toma de la mano y
le dice: “Bueno, ya van a jugar juntas. Ahora
está por sonar el timbre del recreo”.
3. Pasar
por alto: También
la podemos denominar la técnica de “mirar
para otro lado”. Cuando estamos percibiendo
una trasgresión menor: un chico se pone un
caramelo en la boca cuando faltan 2 minutos para
salir al recreo; algún niño esta tratando
de llamar la atención; alguno está
intentando hacerse el gracioso. Ud. puede optar
por seguir la actividad como si nada hubiera pasado.
4. Iniciar
la actividad: cuando
la algarabía de los chicos no cede, se puede
tomar un libro y ponerse a leer ostensiblemente
hasta que los niños se dan cuenta de que
deben hacer silencio para que la actividad pueda
continuar. |
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ESTRATEGIA 4:
OFRECER ALTERNATIVAS. Enuncie
en forma simple lo que espera de sus estudiantes
y las consecuencias que tendrá su incumplimiento.
Ejemplo:
Usted, esta haciendo un dictado
a toda la clase. Un niño se levanta para
ir al baño, usted lo intercepta y le comunica:
“Puedes elegir entre terminar el dictado ahora
o durante el recreo. Tu eliges”. Esta estrategia
combina el dar una orden con establecer la consecuencia
de no cumplirla.
Ofrecer alternativas educa a los jóvenes
en hacerse responsables de sus actos y ver inmediatamente
el resultado de sus decisiones. El dar órdenes
con alternativas suele ser el mejor modo de dar
órdenes a estudiantes que tienen gran resistencia
a recibirlas.
Otra modalidad es ofrecer a los niños dos
posibilidades para que elijan. Por ejemplo: “¿Quieren
leer el cuento o prefieren armar un rompecabezas?”.
La elección los educa en buscar consenso
y en aceptar la decisión de las mayorías,
clave de actitudes democráticas.
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“Necesitamos
más que nunca una “Cultura de
Paz” porque los albores de la era de
la información están marcados
por un dramático rebrote de la violencia,
tanto en al ámbito local como en el
global. Y es que la violencia es la degeneración
destructiva del conflicto. El conflicto en
sí es un estado normal de la sociedad
y de las relaciones interpersonales. El conflicto
es sano y tiene funciones positivas, para
las personas y para las instituciones. Pero
la incapacidad para asumirlo y para tratarlo
puede derivar hacia la violencia, un proceso
siempre destructivo”.
Eduard Vinyamata
(11) |
(11) Vinyamata,
E. (2001). Conflictología. Ed. Ariel |
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Ejercicios de Reflexión: Un caso de “Hablar
hasta entenderse” |
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Fase Nº
1 Leer la
primera fase del caso
En una institución
educativa, estudiantes del 2do. ciclo (de 10 a 12
años) y del 3er. ciclo (de 13 a 15 años)
comparten el recreo en el mismo horario y en el
mismo patio. No hay posibilidades, por la estructura
edilicia, de modificar esta situación. Los
chicos disponen de una red de voley en el patio
para jugar en los recreos. El conflicto emerge porque
los más grandes acaparan la red, no dejando
que los mas chicos jueguen y por esta situación
los burlan y los echan. Los más pequeños
lloran de rabia e impotencia y recurren a los docentes
para exponer sus quejas. Los docentes reúnen
en el recreo largo a los grupos de ambos ciclos
para hablar del problema. En un primer momento,
todos hablan a la vez, tapándose, acusándose,
gritando, empujándose y llorando. El conflicto
amenaza escalar. Los docentes intervienen, poniendo
límites a la discusión. Mientras unos
calman a los chicos alejándolos del lugar,
haciéndoles lavar la cara, respirar profundo,
caminar, otro ayuda a los más grandes calmando
los ímpetus, hablando del botón de
pausa, haciéndolos contar hasta diez y respirar
profundamente. Cuando todo está más
calmo, los docentes les recuerdan que hablar a los
gritos no les da la razón; por el contrario,
nadie escucha lo que se le dice... Proponen entonces
el ejercicio de mediación de “Hablar
hasta entenderse”.
RESPONDER |
| |
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|
1. Identificar en el caso los elementos del conflicto:
partes, posiciones, percepciones, intereses, y necesidades.
2. ¿Cómo escaló el conflicto?
3. ¿Cómo contuvieron los docentes?
4. ¿Cuál fue el abordaje desde las
partes?
5. ¿Qué técnicas de desescalada
utilizaron los docentes?
6. ¿Están de acuerdos Uds. en pasar
a mediación o negociación? Fundamenten.
7. ¿Cuál sería el título
de problema? Tengan en cuenta que debe redactarse
de manera tal que sea una pregunta en donde estén
incluidas las posiciones de todas las partes, sin
indicar parcialidad hacia ninguna de las posturas.
|
| |
|
FASE 2
Leer la fase Nº
2 del caso Cada
grupo debe hacer una lista de turnos para hablar.
Luego fijan y explican las reglas operativas que
se van a observar durante la conversación: |
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|
1. Tratarse con respeto.
2. No interrumpir (para ello hay turnos de palabras)
3. Colaborar en la resolución del problema.
4. Por último, se decide por sorteo cuál
grupo comenzará a hablar. |
| |
|
Los docentes hacen una última aclaración:
el que hable debe hacerlo en primera persona: “Yo
siento... pienso... espero... quiero...”,
sin acusar al otro grupo y debe respetar el tiempo
destinado para el uso de la palabra.
Luego de registrado el orden de los turnos, se cede
la palabra. Al final, los docentes preguntan si
alguien tienen algo diferente para agregar a lo
dicho hasta el momento. Recuerdan que lo que se
agregue debe ser distinto a lo expresado, de lo
contrario el grupo será el encargado de solicitarle
que se calle.
Los docentes agradecen y felicitan al grupo por
su comportamiento: se escucharon respetuosamente,
con atención y pudieron expresar sus intereses.
Los docentes profundizan un poco más sobre
las necesidades de los grupos, haciendo preguntas
que son respondidas por el vocero grupal.
Cuando se considera concluida la etapa de expresión
de intereses y que estos fueron comprendidos por
las partes, los docentes encuadran el conflicto,
resumiendo los intereses de los grupos a través
de las siguientes preguntas: |
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|
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¿Podemos decir que los dos grupos quieren
jugar al voley al mismo tiempo, en la misma cancha
porque los dos tienen los mismos derechos? ¿Podemos
decir que los dos son conscientes de que sólo
hay un espacio y es imposible modificar los horarios
de recreo?
Por lo tanto, el problema es: ¿cómo
compartir el uso de la cancha de voley de la manera
más beneficiosa para todos en el único
espacio y tiempo disponible? |
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Al estar todos de acuerdo, los docentes les solicitan
que, en grupo o individualmente, piensen por lo
menos cuatro maneras diferentes de solucionar el
problema, proponiendo todas las ideas que se les
ocurran, no pensando si son buenas o malas porque
este no es el momento de evaluarlas. Pueden tomar
una idea de un compañero, reformarla, agregarle
algo... ¡Toda idea es bienvenida! |
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Un grupo dice que se divida el tiempo de recreo
en dos partes para que primero jueguen unos y después
otros. Un chico saltó diciendo que si se
dividía el tiempo, no les alcanzaba para
jugar. Ante esto, los docentes intervinieron diciendo
que no era el momento de juzgar las ideas, sino
de crearlas.
Otros proponen que en el 1er. recreo jueguen los
chicos grandes y en el segundo los más chicos.
Otros dicen que como los recreos no tienen la misma
duración, es mejor alternar los días
de la semana, haciendo un esquema para determinar
en qué recreo le toca jugar a cada grupo
durante los 5 días de la semana
Otros proponen integrar equipos de jugadores con
los chicos de los dos ciclos.
Otros proponen decirle al profesor de Educación
Física que organice mini campeonatos de voley
con equipos integrados entre 2do. y 3er. ciclo.
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Los docentes fueron anotando la lista de las opciones.
Cuando los grupos no generan más ideas, los
docentes dicen que ahora es el momento de evaluarlas,
mejorarlas y elegir la que más les gusta.
El procedimiento utilizado fue leerles la lista
de opciones y solicitarle a cada grupo que se manifieste
ante cada una de ellas por sí, no o tal vez
(esta última opción equivaldría
a que esa idea puede ser mejorada).
Una vez clasificadas las opciones, se analiza si
hubo coincidencias entre los grupos en algunas de
ellas y se aclara que si hay coincidencias en más
de una opción, pueden integrarlas; de lo
contrario, se les asigna un orden de prioridad.
En este caso hubo coincidencias en: turnarse en
los recreos (opción 3), formar equipos integrados
una vez a la semana (opción 4) y en hacer
mini campeonatos (opción 5).
Los docentes sugieren que piensen la forma en que
pueden integrar las tres opciones, pues hasta el
momento habían trabajado muy bien demostrando
que existen más intereses compartidos que
confrontados.
El resultado fue el siguiente: |
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Organizar un esquema de recreos en los que jugara
cada grupo en el lapso de un mes, repitiéndose
la organización en los meses siguientes.
Dos miércoles al mes jugarían equipos
integrados, durante los dos recreos.
Proponer al profesor de Educación Física
que organice minicampeonatos integrando jugadores
de los dos ciclos. |
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Los docentes hacen preguntas para orientar la elaboración
del plan definitivo, a
fin de que ser pueda ejecutar. |
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¿Cómo
y quiénes se van a encargar del esquema de
los recreos? Deciden pedir ayuda a uno de los docentes
y elegir representantes de cada grupo para hacer
el trabajo. ¿Dónde,
cuándo? En los recreos largos de la semana
siguiente. ¿Qué
tienen que hacer antes de poder hacer efectiva la
3ra. opción? Hablar con el profesor de Educación
Física. ¿Dónde,
cuándo, quién? Otros representantes
grupales en la hora del jueves. |
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Si algo
no funciona ¿qué van a hacer? Reunirse
nuevamente para hablar de la misma forma y, si no
pueden solos, pedir ayuda a alguno de los docentes.
Antes de dar por terminada la reunión, los
docentes hacen la siguiente reflexión:
“Nos hemos entendido, hablando hemos encontrado
una solución porque todos colaboraron para
acordarla y para ejecutarla. Por eso nos comprometemos
en este momento a que si por alguna razón
algo no funciona, podemos volver a encontrarnos
para hablar hasta entendernos. Sellamos nuestro
compromiso dándonos la mano, cada miembro
de cada grupo con los miembros del otro”.
RESPONDER
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¿Cuál
fue el mecanismo utilizado para decidir cuál
grupo hablaba primero? ¿Cómo
se trabajó para que surgieran múltiples
ideas? ¿Cuáles
fueron las reglas operativas? ¿Cómo
se selecciónó la mejor idea?
¿Cuáles
fueron los intereses compartidos? Haga una lista
de los mismos. ¿Qué
pasos se tuvieron en cuenta para llevar a cabo el
acuerdo? ¿Qué
técnicas de registro y evaluación
de las propuestas se utilizaron? ¿Qué
mecanismos se proponen para la re-mediación?
¿De
qué manera se selló el acuerdo? |
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