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- Pedagogía de la Paz, Construir la Convivencia manejando adecuadamente los Conflictos.
Jorgelina I. Amstutz, Elda Mazzarantani, Marta N. Paillet., Edit. Fundación Bica Santa Fe, 2004, 213 pp.

 
     
 

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CAPÍTULO IV
  CONFLICTOS EN LA COMUNIDAD EDUCATIVA
INTRODUCCIÓN
    En los temas anteriores ha sido analizado el conflicto y reconocido que éste se da en todos los ámbitos de la actividad humana, precisamente porque el conflicto es un emergente natural de las relaciones con los otros.

El humano, como ser social, encuentra en las relaciones la fuente de sus mayores dolores y, paradójicamente, el fundamento de su felicidad y su placer. Esto muestra la importancia de entrenarnos en el manejo adecuado del conflicto, ese que nos permite vivir en un clima más distendido y armonioso.

La escuela, como comunidad de seres humanos, produce dentro de su sistema multiplicidad de conflictos.

En este capítulo nos vamos a focalizar en el estudio del conflicto en el aula, vamos a ver los tipos de conflictos que se dan dentro de las comunidades educativas, el modo de reconocerlos y actuar ante ellas.

Las relaciones humanas y los conflictos ocurren dentro de ámbitos, espacios determinados que los contienen y los modifican.

Cuando estudiemos conflictos dentro de la comunidad educativa vamos a aprender a distinguirlos. Obtendremos una mirada que nos ayude a ver el modo en que actuamos frente a los conflictos.

El estudio de casos arquetípicos nos permitirá diagnosticarlos, ver sus causalidades múltiples, distinguir causas exógenas y endógenas y darnos cuenta de nuestras actitudes frente a ellas.

Concluimos con la posibilidad de verificar si somos de los que “buscan culpables” o de los que “buscan soluciones” en el conflicto que nos toca abordar.

     
 

   

El error como RESULTADO y
EL CONFLICTO como una OPORTUNIDAD para crecer

   
    Ejercicios de Reflexión: Plantee un caso conflictivo del aula
   
1) Describa resumidamente una situación conflictiva que vivió o que vive ejerciendo sus funciones de docente, de director, de tutor, auxiliar. ¿Qué lo perturbó o lo perturba actualmente con relación a dicha situación?

2) Describa resumidamente cómo la resolvió o la está resolviendo o afrontando.

Regresaremos más adelante a este ejercicio.

  1. DESCRIPCIÓN Y TIPOS DE CONFLICTOS EN LA COMUNIDAD EDUCATIVA
   
En las comunidades educativas de manera general se pueden generar cuanto menos, cuatro tipos de conflictos:

1) Conflictos en torno a la pluralidad de pertenencias

Algunos de los conflictos que encontramos en las escuelas están relacionados con la pluralidad de pertenencias de sus actores.

El concepto de pluralidad de pertenencias nos será útil para comprender algunas de nuestras dificultades cotidianas.


   


Entendemos por pluralidad de pertenencia al hecho de formar parte dentro del mismo sistema, de distintos establecimientos, desempeñando distintos cargos, a veces en distintos niveles o modalidades.

    La pluralidad de pertenencias en el sistema educativo suele ser una fuente de conflicto que se manifiesta de diversas maneras, según los actores y las instituciones. Entre los actores, constataremos distintos grados de identificación, adhesión y pertenencia según factores tales como: la posición del actor en el establecimiento, la historia o el trayecto de cada uno en el interior del mismo y en otros, la identificación mayor o menor con el proyecto institucional, la coincidencia o contradicción entre los objetivos institucionales y los del actor, etc.

En lo que concierne a las instituciones, encontraremos distintas modalidades; existen aquellas escuelas que llevan a cabo verdaderas políticas internas para desarrollar el grado de pertenencia de sus actores, que explicitan y reiteran consignas y encuadres, que convocan a la participación para lograr consenso en materia de convivencia institucional, que generan espacios institucionales para el encuentro e intercambio, como existen otros establecimientos que no promueven la integración ni la pertenencia de los actores. Tener presente la noción de pluralidad de pertenencias es tener en cuenta el necesario reacomodo de cada sector cuando va de un establecimiento a otro y debe desempeñar otro rol.

2) Conflictos en torno a la definición del proyecto institucional

Las concepciones más recientes que abordan las instituciones han destacado la presencia y coexistencia de múltiples objetivos coincidentes o contradictorios. El hecho deviene no sólo de la convivencia de diferencia actores con objetivos personales propios con relación a la institución, sino por la pluralidad de exigencias y requerimientos del entorno hacia el establecimiento. Esto puede expresarse en obstáculos en la definición de prioridades y en dificultades para el diseño de las acciones necesarias a realizar en el marco del proyecto institucional.

Los conflictos de objetivos se actualizan anualmente con la elaboración de la planificación institucional y exigen algunas reflexiones. En muchas ocasiones, estos conflictos se traducen en conflictos de grupos.


3) Conflictos en torno a operacionalizar y concretar el proyecto educativo

Una vez ponderados y establecidos algunos acuerdos sobre los objetivos del proyecto institucional -lo cual exige negociaciones y concertación entre los grupos de actores- otra fuente de conflicto se puede generar cuando éstos deben ser traducidos en objetivos más operativos, especificación de tareas, funciones y responsabilidades, acciones concretas y estrategias a efectuar, aspectos que precisan el proyecto y la identidad del establecimiento educativo.

4) Conflictos entre la autoridad formal y la autoridad funcional

Los actores asumen en la estructura de la organización múltiples funciones especializadas, denominadas por algunos autoridad funcional. Entre ésta y la autoridad formal -aquella cuya legitimidad emana de las normas prescriptas- se generan tensiones y se potencian los conflictos. Por ejemplo, un directivo (autoridad formal) y un coordinador de área (autoridad funcional) con enfoques contrapuestos.
   
Algunas ideas fueron tomadas de: Frigerio, G. y Poggi, M. (1995). Las
Instituciones Educativas Cara y Ceca.
Edit.Troquel

  1. 1. Actitudes frecuentes frente a estos conflictos
   
Las señalamos sólo para reconocerlas:

Ignorar el conflicto: “Aquí no pasa nada”. “Una buena escuela es una escuela sin conflictos”.

Reconocerlo y resolverlo rápida y autoritariamente: Por ejemplo, un estudiante comete un acto de indisciplina y el director decide su expulsión.

Producido el conflicto se buscan culpables: Cuando buscamos culpables encontramos personas a las cuales juzgamos y condenamos. Un conflicto se resuelve cuando buscamos soluciones. La ruta a seguir cuando buscamos culpables es diferente a cuando buscamos soluciones. Es necesario estar concientes del camino que elegimos.

Los conflictos no son de la escuela: Son de los padres, de los alumnos, de la sociedad. Por ejemplo: el problema de los chicos es de los padres.

Si son de la escuela, no se los enfoca en forma sistémica. Así se entrega el problema al tutor, al asesor pedagógico, al psicopedagogo, etc.
   

Para recordar:
Una buena convivencia no asegura que no haya conflictos, pero sí asegura que puedan solucionarse con la mayor economía de esfuerzos, tiempo y sobre todo de sufrimiento y padecimiento.

  2. CONFLICTOS EN EL AULA.
  2. 1. Panorama general
   
En toda institución -y por tanto también en las educativas y en el aula como su unidad fundamental- el conflicto es inherente a su funcionamiento, es parte de su propia dinámica.

Cuando se habla de situaciones conflictivas en el aula, no se trata de situaciones aisladas, sino de aquellas que se repiten y generan malestar y ponen incómodos tanto a los docentes como a los estudiantes. Por ejemplo:
     
Juan y José se pelean todo el día.
Un grupo apático que no hace nada.
Un grupo que hace bromas, se burla.
Un alumno que golpea.
Alumnos totalmente excluidos que son objeto de burlas, etc.
   
Las situaciones conflictivas varían según los niveles de enseñanza; hay situaciones típicas del nivel preescolar, del nivel de educación básica, del nivel diversificado o secundaria y también del terciario (técnico o universitario).

Las situaciones conflictivas pueden resolverse de diferentes maneras que tienen que ver con las costumbres y la cultura institucional, con los recursos del docente y con los supuestos, creencias, principios, es decir, con el paradigma en el cual se apoya.

El aula como subsistema comparte mucho de la problemática y conflictos del sistema escuela; las variables institucionales condicionan la vida del aula. Pero aparte, dentro del aula también se crea un ambiente, una atmósfera o un clima del cual, como docentes, somos responsables.

Las conductas que los estudiantes manifiestan en la escuela, disruptivas, tensas, agresivas, son la manifestación de algún malestar que siente el niño o el adolescente.

Estas conductas pueden estar vinculadas a distintas causas; generalmente no hay una causalidad lineal sino que las conductas conflictivas son multicausales.

Debemos tratar de comprender las causas de los conflictos escolares. Hay causas externas a la escuela, pero también hay causas ligadas a la misma institución.

Ahondando más en este asunto: en primer lugar ¿a qué llamamos en este contexto “situaciones conflictivas”? Llamamos así a una gran cantidad de situaciones que aparecen en las aulas y que dificultan el cumplimiento de la labor pedagógica por parte del docente, generándole cierta sensación de impotencia y de malestar por no poder superarlas, que a veces se torna crónica y transforma el ejercicio de la docencia en algo difícil de sobrellevar.

La nómina de situaciones conflictivas es abundante y variada. Ellas podrían agruparse según distintos criterios de clasificación, por ejemplo:

     
Grado de dificultad
Situaciones con protagonistas individuales o grupales
Violencia (verbal o física)
Actitudes agresivas dirigidas al docente
Actitudes agresivas dirigidas a los compañeros
Carácter permanente o transitorio, etc.

  2. 2. Algunos casos arquetípicos
   
1. Presencia en el aula (sobre todo en el nivel primario o inicial) de un chico (o más de uno) que no se concentra en la tarea, que se encuentra “disperso” y molesta a los que tiene a su alrededor. Muchas veces agrede a sus compañeros verbalmente y puede llegar a la violencia física. Los chicos lo rechazan, no quieren trabajar con él, lo marginan. Llegan a culparlo de todos los males. Muchas veces acuden los padres de otros alumnos a quejarse del chico y pedir que lo expulsen.

2. Alumnos con dificultades severas de aprendizaje y de comunicación, que permanecen encerrados en sí mismos y tienen problemas para prestar atención. No hablan prácticamente con nadie, se muestran tímidos y ensimismados. Aunque su conducta no es disruptiva, preocupa al maestro su aislamiento y desconexión y sus dificultades para llevar adelante la tarea. De alguna manera su actitud resulta perturbadora para el resto, que puede llegar a victimizarlo.

3. Grupitos de chicos (adolescentes, enseñanza media) que no trabajan en el aula y ostentan una actitud agresiva y provocativa, en la que se potencian entre sí, desafiando en ocasiones la autoridad del profesor. Pueden humillar a quienes dan respuestas acertadas o presentan cierto grado de compromiso con la tarea. Adoptan, en general, actitudes amenazantes. Puede suceder que alguno de estos chicos tome la iniciativa y sea sindicado como el “líder negativo”.

4. Muchas veces puede ocurrir también que haya dos o tres compañeros que pelean continuamente entre sí, se agreden y discriminan con rótulos y pueden llegar a agredirse físicamente o tener actitudes destructivas sobre objetos de su respectiva pertenencia. Esto puede darse tanto en el nivel inicial, como en el primario o en el medio.

5. Grupos apáticos que no demuestran interés ni entusiasmo alguno por la tarea. No le prestan atención al docente, permanecen indiferentes, en “su mundo”. Aparentemente, no valoran el aprendizaje (primaria y media).

6. Pueden aparecer también situaciones más graves, por ejemplo chicos que acuden al colegio con navajas y otros instrumentos que pueden usarse como armas, el surgimiento de actos de vandalismo desde el anonimato, etc.

  2. 3. Posibles causas de las situaciones conflictivas
   
Entre los supuestos que nos acercan a las causas posibles de tales situaciones, podemos señalar las siguientes:

Signos del malestar

Nuestra primera hipótesis es que las conductas disruptivas son, en la inmensa mayoría de los casos, producto de alguna forma de malestar que afecta al chico. Hemos confirmado en todas las ocasiones que si el chico se encuentra bien consigo mismo y con su entorno, no se siente inclinado a adoptar conductas que resultan, en última instancia, claramente autodestructivas. Según esto, las conductas conflictivas pertinaces serían una forma de expresión de cierta perturbación interna y pueden ser, en ocasiones, síntoma de algún grado de sufrimiento relativamente importante.

Este malestar puede estar vinculado a distintas circunstancias. No hay una causalidad única y lineal. Podemos reconocer un espectro de causas posibles. El malestar puede estar originado en causas asociadas a lo social, lo socioeconómico, lo cultural, a las características de la sociedad y del momento en que vivimos; también a rasgos y/o circunstancias del entorno familiar, a la historia de vida del/los protagonista/s de los hechos, etc. Pero también aparecen causas vinculadas a la escuela misma, a lo que en ella vive el chico.

Estas causas de distinto tipo pueden potenciarse entre sí. Y habitualmente es esto lo que ocurre.


La multicausalidad

Introducimos, pues, como segunda hipótesis, la de la multicausalidad de las situaciones conflictivas y de las conductas disruptivas.

Y dentro de esta causalidad, hemos de diferenciar dos grandes tipos de causas: las exógenas y las endógenas.


      a) Lo exógeno:
   
Las causas exógenas son todas aquellas que afectan al chico desde fuera del ámbito de la escuela. Las variables exógenas, pueden estar asociadas a las siguientes situaciones:
     
1. El entorno socioeconómico.
2. Las necesidades básicas insatisfechas.
3. El entorno sociocultural y modelos de vinculación violentos, agresivos o descalificadores, etc.
4. Situaciones de malestar en el seno de la familia, abandono, violencia, enfermedad, falta de reconocimiento, etc.
5. Autoestima baja, clima de desesperanza en su entorno, escepticismo o sensación de falta de futuro, etc.

    Cuando el chico padece situaciones difíciles vinculadas a los factores exógenos, acude al aula aquejado por lo que llamaremos factores potenciales del conflicto.
     
b) Lo endógeno
   
Las causas endógenas son aquellas que se vinculan a la propia institución, a situaciones que ocurren dentro de ella. Podemos identificar algunas de las variables endógenas, mutuamente relacionadas:
     
1. El clima institucional.
2. El grupo áulico con sus matrices vinculares competitivas o colaborativas.
3. El tipo de autoridad que el docente ejerce en el aula.
4. El accionar del/los docentes/s interviniente/s: aspectos didácticos, evaluación y estrategias de aprendizaje.
5. La cultura, divergente entre docentes y estudiantes con respecto al grupo áulico.
   
Nos detendremos a analizar un poco más dos de estas causales endógenas.

El grupo áulico: Habitualmente, el grupo en el aula tiene gran importancia para los chicos, significa mucho para ellos tanto por la necesidad de pertenencia como por el carácter ineludible de la interacción con los compañeros. Sin embargo, el grupo no siempre gratifica a sus miembros; puede ser fuente de bienestar si sus matrices vinculares son cooperativas o colaborativas, pero también de malestar si sus matrices vinculares son competitivas.

Si la matriz vincular es competitiva, es un factor que alimenta decididamente los mecanismos distorsionantes dentro de un grupo; ésta constituye el caldo de cultivo de la discriminación, el elitismo, los antagonismos, la pugna por el afecto y el reconocimiento de la autoridad. Y profundiza también el temor al fracaso. En el grupo donde predomina la matriz competitiva prevalece la moral del podio, que se caracteriza por el hecho de que, para que unos triunfen, otros deben fracasar. En grupos con este tipo de matriz, no pueden encontrar confirmación todos sus miembros. La lucha por la confirmación y el reconocimiento se torna entonces inevitable. Algunos miembros han de quedar necesariamente afuera en la satisfacción de sus necesidades. Se instala así la dicotomía incluidos-excluidos, con toda la carga de ansiedad y angustia que tal cosa supone. Actualmente, esto es aún más grave porque no hace sino reproducir la dicotomía inclusión- exclusión y la matriz competitiva arraigada en la sociedad de la llamada globalización y el neoliberalismo económico.

La cuestión que se planea acá es cómo se sentirán en medio de esta lid los chicos que se perciben como destinados al fracaso, que ya vienen con una carga de insatisfacción de sus necesidades, con posibles
rótulos descalificatorios y con una autoestima baja. Y también, por qué no, aquellos chicos que vienen presionados para alcanzar el éxito como forma de lograr o mantener el reconocimiento de sus padres. En el caso de los chicos que carecen de seguridad ontológica real, la inclusión en un grupo, siendo necesaria y deseada, puede experimentarse también con angustia, como una amenaza potencial de marginación y rechazo. Si el grupo es competitivo, esto se agudiza.

Si la matriz vincular es colaborativa o cooperativa, el reconocimiento de todas y cada una es producto de la sinergia grupal. Con esta matriz no se fomenta la discriminación, sino la ayuda mutua y las relaciones se vuelven más armónicas.


La autoridad docente: Un tema clave que se plantea aquí es el de la incidencia que puede tener el docente sobre el grupo con sus actitudes. Una de las hipótesis básicas que sustenta nuestro trabajo, es la que sostiene que la autoridad cumple un papel muy relevante a la hora de alimentar una determinada matriz vincular dentro del grupo áulico.

Así, pues, podemos afirmar decididamente que cuando la persona que dirige un grupo es reconocida como autoridad, su propuesta vincular afecta al grupo e incide en el estilo de comunicación y de interacción que en éste se va instalando. En tal sentido, el accionar del docente nunca es neutro o aséptico, ni en el plano de lo cognitivo ni en el de lo socioafectivo.

Tomemos por ejemplo, el plano de lo socioafectivo. El educador puede adoptar frente al grupo actitudes que descalifican; también puede ejercer favoritismos, premiar a un grupo de alumnos y dejar de lado a otros, usar la comparación, azuzar la competencia o recurrir al castigo, la amenaza y el aplazo como forma de controlar conductas disruptivas. Todo esto deteriorará al grupo.

Por el contrario, el docente puede poner el énfasis en los aspectos positivos y en los logros de todos; puede intentar aceptar, reconocer y valorizar a todos los alumnos sin excepción. Este tipo de actitudes irá dejando una impronta importante en el grupo, que irá así plasmando su estilo vincular.

Sintéticamente, digamos que hay formas de ejercer la autoridad que generan malestar o profundizan el previamente existente y hay otras formas que permiten operar como agentes de salud y bienestar dentro de un grupo.

Así, por ejemplo, un docente autoritario clásico, que adopta actitudes agresivas y rígidas y tiene un estilo predominantemente amenazante, genera tensión y propone un modelo vincular básicamente agresivo, que se difunde y reproduce en el grupo y en ocasiones se desplaza a otros sujetos.

A veces, la agresión puede derivarse hacia un miembro vulnerable del propio grupo o a otro docente más permisivo, etc. Si el docente utiliza la descalificación o la ironía como forma de control sobre sus alumnos, esto se reproducirá entre los chicos, por el hecho de que produce malestar y tensión –que debe “descargarse” de algún modo- porque opera como una suerte de “modelo” o paradigma de vínculo.

Por el contrario, el accionar de un docente profundamente democrático, supone una actitud de respeto y aceptación hacia todos los alumnos: implica firmeza sin agresión ni humillación. En este contexto, entendemos por educador democrático aquel que no utiliza la amenaza ni el castigo pero que es firme y claro en sus pautas y en su accionar. No tolera el desborde, la agresión entre pares ni la falta de respeto, pero su herramienta no es el temor ni el chantaje afectivo.

La autoridad democrática abre la posibilidad del diálogo, de la reflexión y del disenso en un ambiente de respeto y aceptación para todos. Desde este estilo de autoridad se plantea la relación pedagógica como una forma de comunicación, como un vínculo humano. Su estilo vincular no es amonestante, sino empático.

Pero esto no supone en modo alguno una conducción débil o errática, desmañada o de abandono. Respeta y acepta a todos los alumnos por igual, sin distinción de ningún tipo, pero a su vez, con ese mismo cuidado por el bienestar de las personas estará alerta ante la aparición de situaciones de agresión, burla, descalificación o atropello para procurar desanudarlas. El clima de respeto mutuo y de aceptación para todos debe quedar de algún modo garantizado por la figura de autoridad, lo cual no implica en modo alguno negar o tapar los conflictos, sino poder tratarlos dentro de un clima de respeto mutuo. Hemos podido corroborar una y otra vez que una conducción áulica de este tipo reduce drásticamente el nivel
de ansiedad en el grupo y facilita un clima de comunicación y encuentro. Naturalmente, lograr esto no es fácil y requiere también un trabajo sobre sí por parte del propio educador. Por ejemplo, entre otras cosas, no “engancharse” con la agresión y no “competir” por el poder sobre el grupo, no privilegiar en su atención a los chicos que le presentan “batalla”, etc.

Este docente se gana el reconocimiento y el respeto con ecuanimidad, justicia y firmeza, y con la propuesta de un vínculo humano auténtico. Y también con determinados recursos técnicos dirigidos especialmente a la integración grupal. Es importante, además, un buen manejo del conocimiento que permita desplegar recursos de enseñanza dinámicos, que puedan ser atractivos y viables para todos, que ofrezcan oportunidad de logros para todos los alumnos y no profundice la brecha entre los “buenos” y los “malos”.

Es importante no confundir el estilo democrático en el ejercicio de la autoridad con el “laissez faire” que implica dejar hacer sin pautas, orden o límites, que genera no el ejercicio de la libertad y la participación sino el libertinaje. Los niños y los jóvenes necesitan límites y pautas dentro de las cuales desarrollarse. Sin éstas, se sienten perdidos, desprotegidos, disminuyendo sus potencialidades.

Como ya dijimos, todo esto puede resultar difícil, sobre todo teniendo en cuenta el posible malestar que puede estar instalado en el grupo a partir de su historia previa y también por la gravedad de los factores exógenos que pueden estar operando. Pero es muy importante tenerlo como supuesto teórico y como guía, con la seguridad de que los logros son absolutamente notables y que el resultado es realmente educativo

Algunos conceptos fueron tomados de: “Situaciones conflictivas en el aula”- Telma Barreiro en “Mediación Escolar. Propuestas, reflexiones y experiencias” de Florencia Brandoni, Edit. Paidós, 1999.


  2. 4. ¿Sancionamos o rehabilitamos?
   
Podemos leer el conflicto escolar desde dos miradas: la del paradigma tradicional o la del paradigma de nuevas corrientes pedagógicas.

Cada uno de nosotros podemos ubicarnos o vernos actuando más dentro de un paradigma que de otro. Es natural que así suceda: hacemos más fácil lo que hemos aprendido, lo que hemos venido haciendo por muchísimo tiempo...
   
 
CARACTERÍSTICAS
PARADIGMA
TRADICIONAL
PARADIGMA NUEVAS
CORRIENTES
PEDAGÓGICAS
Es
Individualista y punitivo Comprensivo, humanista, integrador
Pone énfasis en:
• La obediencia a la autoridad.
• La disciplina externa.
• Acatar sin crítica la norma.
• Crear un clima óptimo de trabajo, donde todos se sientan bien.
• Las causas de la conducta disruptiva en el aula.
• La disciplina es el resultado del interés por aprender.
Ve al conflicto como:
• Desacato a la norma.
• Ve la norma como algo inamovible.
• La identificación del culpable del desacato a la norma para castigarlo.
• Una oportunidad para cambiar, crecer.
• Ve la norma como pauta, susceptible de mejoras.
• Oportunidad para que las partes se ejerciten en ver alternativas de solución.
Funciona bajo el
supuesto de que:
• El castigo es ejemplificante para evitar que se repita la conducta indeseable • El castigo genera violencia y rebeldía.
• Los cambios se logran por que el individuo decide cambiar, no por imposición.
La conducta deseada
se mantiene porque:
• El estudiante es doblegado por
imposición, obedece por miedo al castigo.
• La conducta indeseable desaparece transitoriamente.
• El estudiante libre y voluntariamente se convence de ello.
• Las soluciones son consensuadas atendiendo a las causas.
Con el paso del
tiempo:
• Son necesarias sanciones mayores para mantener la conducta deseada. • Las conductas se refuerzan por lo bien que se sienten los estudiantes.

   
    Ejercicios de Reflexión: Aplicación de contenidos en el ejercicio introductorio
   
• Les sugerimos regresar al ejercicio del comienzo sobre una situación conflictiva como docentes... ¿Cómo lo resolvieron o lo están resolviendo? ¿Desde una mirada normativa, punitiva o desde una postura comprensiva, humanista?

• Piensen sin autocensura y anoten si la resolución que pensaron se inclina más a un paradigma que a otro.

• Relean el ejercicio de Reflexión: “Cambios en la Educación” en el tema ”Cambio en la Escuela”. Complétenlo con todo lo que ahora puedan agregar.

     
    Ejercicios de Reflexión
     
Reflexiones de un grupo de docentes sobre sus dificultades al querer funcionar en el paradigma de las nuevas corrientes pedagógicas
   


“Fuimos educados de acuerdo al paradigma tradicional y lo tenemos
interiorizado”
“Sabemos más lo que no nos gusta que lo que queremos”
“No tenemos claro cuál es el paradigma de las nuevas corrientes
pedagógicas”
“El contexto (institución, sociedad) muchas veces nos presiona en
dirección contraria”
“El miedo a implementar algo nuevo”

   
¿Se reconoce en alguna de estas respuestas?

Seguramente que si, porque coexisten los dos paradigmas y como el péndulo reaccionamos unas veces colocándonos de un lado y otras veces colocándonos del otro. Es natural que esto suceda y es señal de que el proceso de cambio está en marcha.

En este libro estamos descubriendo que hay un estado deseado, un modelo, un paradigma nuevo al que podemos aspirar, humanista, comprensivo e integrador, que podemos construir y que depende de nuestra decisión, que ahora estamos en capacidad de decidir con plena conciencia.
   

DECIDIR CON PLENA CONCIENCIA
¿Pongo mano dura para manejar
la situación conflictiva del aula?
(CONFRONTO)

o en su lugar

¿Trabajo para generar un clima en el aula
que pueda neutralizar las situaciones de
tensión que traemos docentes y estudiantes?
(COLABORO)
   

¿SOY VICTIMA Y ME QUEJO, O ME SIENTO
RESPONSABLE Y PONGO MI GRANO DE
ARENA?

“La cadena de violencia no comienza en la escuela, pero tampoco avanza sin ella. Somos un eslabón que la refuerza o la disminuye.”
F.Oneto
     
       
     
       
       
       

 

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