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Enseñar
a procesar conflictos: ¿ una respuesta posible
de la escuela frente a la violencia ? Los
últimos hechos de violencia en las instituciones
educativas conmocionaron a la ciudadanía. Estos
estallidos identificados y puntuales, suelen ser la
expresión visible
de situaciones injustas que hunden
sus raíces en la estructura social , en sus creencias
y prácticas discriminatorias, agudizadas por
el discurso mediático y a veces potenciados por
factores internos de la propia institución educativa.
Intentar leerlos, juzgarlos y
opinar desde la víctima y el victimario, tomando
partido desde el desconocimiento, sin bucear en sus
causas profundas e invisibles,
lleva, inexorablemente, al fracaso.
Si consideramos que la conformación
social actual niega a muchos las posibilidades de desarrollarse,
de satisfacer sus necesidades y derechos, de acceder
a los bienes materiales y culturales, podemos afirmar
que es en sí misma injusta y por tanto violenta.
No es de extrañar entonces, que quien se autopercibe
violentado por las injusticias, rechazado o negado en
algún ámbito, grite su angustia utilizando
los modos aprendidos en este aquí y en este ahora
( porque tal vez desconozca otros), que generalmente
son violentos y que expresan a las claras la pérdida
del valor de la palabra para dirimir conflictos.
El eco de la sociedad dice ¡
presente ! en la escuela
Estas las problemáticas
sociales atraviesan los muros de la institución
educativa, se sientan sin permiso en las sillas de las
aulas, y se expresan en los gestos, las creencias, el
lenguaje y los modos de relacionarse y conducirse de
niños y adultos. Si la coyuntura actual, naturaliza
la violencia como forma de combatirla, no hay duda que
esos modos se reproducen en el ámbito educativo
y una vez en su interior pasan a ser , parte de su responsabilidad.
Un camino resbaladizo
entre conflicto y violencia
El conflicto es una situación
de intereses contrapuestos entre partes ( individuos,
grupos, naciones). Dada la diversidad de la especie
humana y los distintos contextos en los que se construye
la identidad, es natural que se tengan percepciones
diferentes sobre una misma realidad, lo que permite
inferir que el conflicto es inherente a las relaciones
humanas. En sí no es bueno ni malo. Su forma
de encararlo lo puede transformar en constructivo o
destructivo.
Si su abordaje es adversarial , esto es: confrontar=pelear
o eludirlo o ceder a la presión del otro, puede
derivar en violencia.
Asimismo, en el sustrato de un conflicto puede haber
una violencia encubierta: por ej. la discriminación
de un sujeto en algún ámbito. Por tanto,
sin bucear en el fondo de lo que acontece, sin entender
las causas profundas y para ello hay que prepararse,
se corre el riesgo de tomar el camino equivocado.
"Puesto que las guerras
se originan en las mentes de los hombres, es en la mente
de los hombres que se construyen las defensas de la
Paz" (Acta Constitutiva de la UNESCO 1948)
Una de las maneras de construir
las defensas de la paz, es enseñar a vivir juntos.
Aquí la escuela ocupa un lugar irrenunciable
y privilegiado ya que ella es el único espacio
público al que asisten ( al menos ) la mayoría
de niños y jóvenes por un período
relativamente extenso y posee efecto multiplicador.
Enseñar una convivencia formativa, exige de la
escuela una postura ética y política que
reconozca el conflicto como natural a las relaciones
humanas, y enseñe a procesarlos de manera pacífica
, no adversarial utilizando métodos como son,
entre otros, la negociación y la mediación.
Ni omnipotencia ni manos atadas:
el poder y los límites de la escuela
Por ser la institución
social que por antonomasia trabaja con el conocimiento
público , este le otorga el poder de enseñar
habilidades de pensamiento, comunicacionales, emocionales,
creativas que permiten construir nuevos modos de relación
utilizando la palabra en marcos de participación,
hábitos que destierren la discriminación,
comprender la realidad en su devenir histórico,
generar alternativas nuevas de intervención en
el entorno. Así trabajado el conocimiento, la
escuela desactiva sus propios factores endógenos
generadores de violencia y puede neutralizar el impacto
de lo social . Estas son la habilidades que se ponen
en juego para prevenir, contener y resolver situaciones
conflictivas y violentas.
Es saludable además, tener claro que la escuela
por sí sola no puede desarraigar las raíces
profundas de la violencia social y a veces tampoco contener
los estallidos en su interior . Este es uno de sus límites,
razón por la cual necesita apoyarse y trabajar
con otras instituciones.
Sin embargo, la escuela que asume los conflictos y trabaja
procedimientos democráticos para procesarlos,
genera ambientes psíquicos de confianza que disminuyen
la tensión , propician vínculos cooperativos
que incluyen la diversidad y se convierten , para quienes
lo habitan, en espacios cuna. Desde este lugar ella
es productora de cultura, capaz de hacer presente lo
ausente en la sociedad y de crear una contracultura
no violenta. Parecería que esta propuesta significa
ir a contramano de la realidad y paradójicamente
esto es lo que la convierte en una variable interviniente
en lo social. Tan cierto es que la escuela por sí
sola no cambiará el mundo como cierto es que
sin escuela es imposible pensar en una convivencia más
humana.
Parafraseando a Fernando Onetto, la cadena de violencia
no comienza en la escuela pero tampoco avanza sin ella
. Es un eslabón que la refuerza o disminuye.
La gran ausencia en la formación
docente
No existen espacios curriculares
en la mayoría de los planes de formación
docente, destinados a entrenar a los educadores en el
manejo adecuado del conflicto. Esta carencia puede derivar
en un sentimiento de indefensión, de no saber
qué hacer y la escuela puede quedar invadida
por la dinámica devastadora de la impotencia.
Cubriendo esta ausencia - necesidad y pionera en el
país, se lanza en el Litoral argentino, la Licenciatura
en Gestión de la Mediación Educativa en
las Sedes Académicas de Santa Fe y Paraná
de la Universidad de Concepción del Uruguay,
con la finalidad de entrenar a los docentes para intervenir
en situaciones conflictivas y violentas y enseñar
a los alumnos cómo hacerlo.
Escuela como lenguaje
de posibilidad
Si así entendemos el manejo
adecuado del conflicto, como una propuesta integrada
al currículum escolar que empodera a los sujetos
de las habilidades necesarias para defender sus derechos
y los de los otros, dotándolo de las armas pacíficas
que requiere la reconstrucción del tejido social,
se estaría en condiciones de responder afirmativamente
al interrogante que diera origen a este artículo
y estaríamos en el camino de construir en la
mente de los hombres las defensas de la paz.
Prof. Elda Mazzarantani
Prof. en Ciencias de la Educación - Mediadora
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