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Tomar una Pedagogía
de la Paz y hacerla encarnar en el aula, en la escuela
y en las comunidades educativas es hoy, como diría
E. Kant, un imperativo categórico.
En efecto, los docentes, que tenemos la tarea de educar
= educere = sacar de adentro de cada ser humano lo mejor
que hay en él, sabemos que la civilización
bélica se ha desarrollado a un punto en el que
tiene que parar.
Es tremendo el poder del docente y de la escuela para
producir cambios e introducir en la organización
de la sociedad elementos aptos para generar espacios pacíficos.
Los grandes procesos de cambio que se han vivido en la
historia de las civilizaciones, si bien no han tenido
como vientre a los ámbitos educativos, éstos
han asumido el rol de nodriza, sin el cual no hubiesen
podido subsistir.
Cuando revisamos las instituciones con las que cuenta
la sociedad, vemos que la escuela es uno de los pocos
-por no decir el único- espacio que nos queda donde
trazar los caminos del consenso, donde aprender los roles
de prevención, resolución y contención
del conflicto que emerge naturalmente dentro de la relación
humana y que, hasta hoy, no habíamos aprendido
a manejar.
Construir una civilización del consenso es, a decir
verdad, un gran desafío. Un desafío para
esta humanidad que, siendo producto de una civilización
bélica, tiene el mandato social de construir una
civilización de paz.
Uno de nosotros puede hacer la
diferencia...
Para dar un salto cuántico
es necesario llegar a generar la “masa crítica”,
ese número x que puede transformar lo cuantitativo
en cualitativo.
Cuando un número de individuos de una especie
aprende algo, los que nacen a partir de ese momento
traen la habilidad incorporada. Trabajemos para aprender
una pedagogía de la paz y los que vengan después
de nosotros la traerán incorporada y tendremos
una civilización de paz.
Cuando cada uno de nosotros toma la decisión
de trabajar como pionero para bien de las generaciones
futuras, trasciende su propia pequeñez y se vuelve
un ciudadano del mundo.
Trabajemos como los ingenieros forestales que siembran
los árboles que no llegarán a ver pero
que darán sus sombras y frutos a sus nietos.
Recuperemos nuestra grandeza, nuestro poder de introducir
los cambios, esos que serán palpables y visibles
para nosotros y también aquellos que estamos
construyendo y que no llegaremos a ver.
Somos los arquitectos del mañana, tomemos con
gozo esa oportunidad y construyamos un mundo de grandeza
como los padres de las patrias, como los que en el mundo
sentaron las bases de las grandes civilizaciones que
nos han traído hasta acá.
Hoy, construir la paz es posible...
Las ciencias de la conducta, las neurociencias,
las ciencias sociales, han dado saltos cuánticos
y han puesto a nuestra disposición toda la información
y las metodologías necesarias para cambiar. Cambiar
nuestras relaciones con nosotros mismos, con los demás,
con el ambiente.
Estamos sometidos a un cambio tan acelerado que no tenemos
registro histórico de una época igual
en el planeta. El 90% de los científicos investigadores
e inventores con los que hemos contado en toda nuestra
historia, ¡están vivos!
Cada uno de nosotros, en especial las personas de mas
de 40 años, hemos pasado por cambios tecnológicos
que han cambiado todo, hasta la intimidad de nuestros
hogares.
Por otro lado, desde 1945 en adelante hemos aprendido
a usar el poder destructivo de la energía nuclear
con tal intensidad que hoy en la Tierra hay capacidad
destructiva suficiente para volar en mil pedazos nuestro
mundo más de 50 veces. Entrar en una guerra mundial
hoy no sería para resolver ningún conflicto,
sería simple y llanamente para la inmolación
total de la raza humana y de su hábitat: la Tierra.
Este hecho que señalamos ha vuelto a la guerra
totalmente inútil para resolver los conflictos
que, mal o bien, resolvió en los últimos
10.000 años de nuestra historia. Hoy la guerra
es un camino para nuestra desaparición. Asumamos
el hecho “el hombre es una especie en peligro
de extinción”. Asumamos también
que somos los docentes los que podemos tomar la tarea
de enseñar al hombre a sobrevivir. Somos los
“ecologistas” del género humano.
La guerra como instrumento violento de la política
ha muerto, es hora de que nos atrevamos a certificar
su defunción, afrontando el hecho de que la mantienen
viva los intereses económicos que las armas mueven
en el mundo, que aprovechan la triste irracionalidad
de los fundamentalismos.
Aceptemos el llamado de los pensadores que nos están
indicando los modos de generar una Civilización
de Paz
Tomemos los caminos para “Alcanzar la paz”
que nos marca el antropólogo y mediador William
Ury, investigador de la Escuela de Derecho de Harvard,
quien nos indica todos los roles desde los cuales los
ciudadanos comunes podemos alcanzar la paz, no sólo
para nuestras relaciones sino para la entera sociedad.
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LA ESCUELA
COMO SISTEMA
La escuela es una construcción
social histórica a través de la cual la
sociedad se organiza para satisfacer determinadas necesidades.
Hablamos entonces de la escuela como Institución.
Para cumplir con su propósito de educar a los
miembros de la comunidad, en la escuela se da una estructura
que moldea las interacciones de sus actores y su funcionamiento,
facilitando u obstaculizando las prácticas pedagógicas
que en ella se producen. Podemos hablar entonces de
la escuela como organización. A su vez, la institución
educativa tiene una finalidad impuesta por la sociedad
a la cual pertenece y recibe de ella condicionamientos
económicos, culturales, políticos tanto
a través de normativas como de las personas (estudiantes,
docentes, padres, personal, comunidad) que en ella participan.
Es, pues, caja de resonancia de lo que ocurre en la
sociedad. Así, hablamos de la institución
escolar y/o académica (escuelas) como un subsistema
dentro de otro sistema mayor: el Sistema Educativo y,
a su vez, éste dentro de otro que para hacerlo
breve denominaremos contexto y que no es más
que el sistema formado por la comunidad, población
o la sociedad y el Estado como regulador en sus ámbitos
de acción local, regional, nacional o internacional.
Hablar de subsistema, sistema, suprasistema y metasistema
es relativo según los puntos que se tomen como
referencia; en el siguiente esquema, a los sistemas
contenidos dentro del que se toma como referencia se
les considera subsistemas; y cuando éstos son
tomados como referencia para ampliar el campo de estudio
a su interior, los tomamos entonces como sistemas.

La institución
escolar y el aula aparecen como un todo dinámico
en permanente interacción interna y externa.
Recibe insumos (entradas al subsistema) y genera productos
(salida del susbsistema), como se observa en el esquema
anterior. La escuela y el aula aparecen como un sistema
social abierto complejo en permanente interacción
con los sistemas mayores, dentro de los cuales evoluciona.
Cualquier intento de comprenderla en forma fragmentada,
nos aleja de su realidad. A medida que aprendemos a
integrar, comenzamos a percibir la totalidad de las
estructuras en las que operamos y somos capaces de ver
relaciones, fuerzas antes ocultas, haciéndosenos
más fácil trabajar en ellas para modificarlas.
Viejos y nuevos paradigmas en
la educación
Se ha repetido por todos los estudiosos
del tema que la Prevención sólo es posible
en una escuela democrática. ¿Son nuestras
escuelas democráticas? Aquí, en las escuelas,
cajas de resonancia de la comunidad global, nos volvemos
a encontrar con la coexistencia de los dos paradigmas
EL TRADICIONAL (autoritario, dogmático, conductista)
y el PARADIGMA de las nuevas corrientes pedagógicas
adheridas al PARADIGMA DEL CONSENSO que es auténticamente
democrático.
Los docentes somos totalmente conscientes que en la
actualidad coexisten diferentes modelos o paradigmas
educativos que podríamos ubicarlos como las oscilaciones
del péndulo: en un extremo EL PARADIGMA TRADICIONAL
y en el otro EL PARADIGMA DE LAS NUEVAS CORRIENTES PEDAGÓGICAS.
Entre ambos se suceden una serie de matices, de puntos
de contactos, de discrepancias, de yuxtaposiciones,
de confusiones, ya que el mismo proceso del cambio exige
tiempos diferentes, recurrencias, avances, retrocesos,
certezas e incertidumbres.
Simplemente, a modo de traer al presente algunas cuestiones
puntuales de enfoques tradicionales y renovadores, presentamos
gráficos y viñetas para reconocernos dónde
estamos posicionados y hacia dónde nos dirigimos.
CAMBIOS EN LA
EDUCACIÓN

Tomados del libro “El
orador como Mediador” de Julio A. Bullaude,
Ma. Eugenia Iniguez y Estela Gómez Pasqualini
- Santiago del Estero 1998
Tomados del libro “El
orador como Mediador” de Julio A. Bullaude,
Ma. Eugenia Iniguez y Estela Gómez Pasqualini
- Santiago del Estero 1998
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